E-es un crimen te-tener un carro e-en este estado, cu-cuñadito… (*)

 

(*) Extracto de la novela “Paraíso de los Suicidas”

                                                              

-¡Puta madre!  ¡No sabes el favor que me estás haciendo, Marito! Con mi cañita es otra cosa…

-A-A mi no me cu-cuesta nada, cuñao. Lo me-meto en el taller y-y ya…

-¡Puta! Te juro que ni bien pueda te pago, compadre…

-De-deja nomás, cu-cuñadito. Po-por los buenos ti-tiempos. So-solamente date un ba-baño…

-¡Puta, huevón!…  ¡Si supieras dónde vivo, cojudo!

-Re-regresa a tu jato, cojudo. Tu-tu vieja está sufriendo, cuñao… No seas huevón…

-¡Ni cagando! Después de todo lo que hice, hermano.  Nada que ver…

-Tu-tu viejo está co-cochito, compadre… La vez pa-pasada lo vi re-regando su-su jardín…

-No puedo regresar, cuñao…

-Tú-tú sabrás… Pero no vas a co-comparar vivir en la Huaca co-con una negra pa-paquetera a vivir po-por el Lima Críquet con tus vi-viejos…

-¡Ese es asunto mío, Mario! ¡No me jodas! ¿Te crees más porque te sobra el billete?  ¡No me jodas! A ustedes les fue mejor porque se mandaron hacer cosas que yo no quise hacer… Y yo cargué con la fama de malogrado… Ahora, como siempre, les va de la conchasumadre y a mí no me puede ir peor… Si me quieres arreglar el carro por todas las que me debes, bestial… Como patas… Pero no te me pares en un pedestal, cuñadito…

 

 

-¡Pu-puta, cuñao! ¡Co-como te pones!

-¡Mírame, huevón! ¿Crees que con tus consejitos de tía voy a arreglar mi vida? ¡Claro! Tú bacán… Mandándome a bañar… Y Pablo viajando por el mundo moviendo vaina…

-¡Te-te equivocas, cu-cuñadito! La co-cosa ya n-no es así… Ha-hace ti-tiempo que vivo so-solo del taller… ¿N-no te has e-enterado que Papa-pablo está pe-pedidazo? ¿E-es que  no-no ves tele, huevón?…  Lo-lo de Tarata nos cagó f-feo…

-Creo que escuché que tiraron una bomba o algo así…

-¡Huevón!… ¡Fu-fueron dos co-coches bomba, co-cojudo! Mu-murió gente…  ¿Do-dónde andas, huevón?

-¿Y eso qué tiene que ver con ustedes?

-¡Pu-puta, huevón!… Allí te-teníamos u-un depa, cuñao… E-el día de la e-explosión, Papa-pablo tenía en caleta dos ki-ki-kilitos de-de la que te conté… E-Estábamos  esperando a u-unos gringos al día siguiente… Sa-salados, ¿no?

-¡No jodas! ¿Qué hicieron?

-¡Na-nada! ¿Co-con toda la DINCOTE me-metida allí?

-¿Y la vaina?

-Se-se quemó to-todo el edificio, me-menos un rincón del depa do-donde e-estaban  los dos ki-kilitos… ¡Fíjate, cu-cucuñadito!… ¡Todo sa-salió en la te-tele, huevón!

-¿Y Pablo?…

-Po-por suerte ha-había salido po-por trago… Si-sino se jode… Pe-pero se-se quedaron su-sus cosas… La po-policía lo e-está buscando y los co-colombichis quieren su-su bi-billete…

-¿Y dónde está?

-¡E-eso no se dice pues, cu-cuñadito!

 

Cuando Betto llegó a la Huaca tocando la bocina, un montón de palomillas sin zapatos partieron la carrera para darle el alcance, seguidos por una jauría de perros escuálidos que ladraban frenéticamente pugnando por clavarle el diente a una llanta.  La gente del llonja se limitó a seguirlo con el rabillo del ojo sin soltar la tola y, cuando pasó la Olga sobradísima,  no dejaron de mirarle el culo hasta que se subió a la carcocha.  Fue todo un chongo porque ahí nadie pasaba de triciclos y carretillas.  Y a los que manejaban un camión o un micro para terceros jamás se les hubiera ocurrido estacionarse afuera.

 

A mediodía el Mostrobelo casi le echa la puerta abajo tratando de despertarlo.

 

-Causita, afuera hay un par de puntas que quieren proponerte una chamba…

-¿Ah, sí? ¿Quiénes son?

-No los manyas, cuñao… Son gente de Echenique que necesita una caña para hacer un trabajito por el mercado… ¡Habla tú con ellos, cuñao!…

-Diles que ya salgo…

-¡Ponte mosca, Colorado!

-¡Pero si son el Coroto y el Mazamorra! ¡Cómo no los voy a computar!

-¿Qué hay, causita?

-¡Qué dices, Colorado!

-¿Adónde hay que llevarlos, compadritos? ¿Dice el Mostrovelo que tienen una situación por el mercado?

-¡Shhh! ¡Suave, causa, que las paredes tienen oídos!

-¿Por qué no nos damos una vuelta en tu caña, compadrito?

-¡Por su puesto que sí!

-El asunto es el siguiente, jugador… – empezó el Coroto una vez que salieron de la Huaca – Necesitamos un fercho para un Roberto Carlos…

-¡Tas cojudo, Coroto! ¡Un asalto ni cagando!… Y tú estás bien huamán,  ¿no Mostrobelo? ¿Por qué chucha me pasas la voz para estas huevadas?  ¿Quieres que me joda?

-¿Qué pasa familia? ¡Por Diosito que yo no sabía nada!

-¿Cómo que no sabías, huevón? ¿No me estás diciendo que necesitan a alguien para un trabajito?

-¡Puta madre, Colorado! Tampoco te pongas así… ¿A qué crees que nos dedicamos, entonces?… ¿A la docencia?… Además, te va a caer tu billete…

-¡Claro, cuñao! ¡Tú sólo vas a manejar!

-¿Y tú qué hablas, Mostrobelo? ¿Acaso tú vas a entrar, huevón?

-¡Claro qué sí, pues, blanquiñoso!… ¿Por qué crees que te estoy pasando la voz?

-¿Ya ves cómo eres cínico? A ver, ¿de qué se trata?

-El asunto es simple, Colorado. Usted se cuadra en un sitio que nosotros le vamos a decir y nos espera tranquilito… Pero ni bien nos ve llegar, nos saca del lugar hecho un pincho, ¿Tá claro?

-¿Tiras caña o no Colorado? – preguntó el Mazamorra.

-¡Desde chiquito, jugador! ¿Y a quién mierda van a poner?

-Es una distribuidora de abarrotes…

-¡Papaya nomás, compadre!

-Estamos allá a las nueve de la mañana, jugador… Y como a las nueve y media cada uno se va a su jato con su billete… ¿Papaya o no Colorado?

-¿Y de cuánto billete estamos hablando, Coroto?

-Palo y medio, Colorado, ¿’ta bien o no?

-¿Tas cojudo, Mazamorra? ¿Crees que voy a arriesgar mi culo por palo y medio?… ¡Una distribuidora de abarrotes deja buen billete, huevón!

-¡Si sale bien, compadre, lo mejoramos para la próxima!

-¿Cuál próxima, huevón? ¡No seas pendejo, Coroto!    

-¡Ya habla, habla! ¿Cuánto quieres?

-Cinco palos o nada…

-Este huevón qué se cree, ¿ah? – saltó Mazamorra, llevándose la mano a la cintura.

-¡Tranquilo, Mazamorra!  Está bien, te ganaste tus cinco palos, Colorado…

-¡Qué pendejo! ¿Cinco palos por no hacer ni mierda?

-¡Tranquilo, Mazamorra! ¡Deja de joder!

-¡Es que es un culo de billete por ni mierda!

-¡Consíguete un carro y maneja tú pues, huevonaso!… ¡Yo me quito, Coroto!

-¿Qué chucha me huevoneas a mí, sonso de mierda?

-¡Guarda el cuete, imbécil! ¿Quieres chocar con la gente del barrio?

-¡Es que llega al pincho este huevón, Mostrobelo! ¿Qué chucha me falta el respeto?

-¿Qué mierda le pasa a tu causa, Coroto?

-¡Ya, carajo! ¡Tranquilícense, porque van a chocar conmigo!

-Si las cosas van a estar así de arranque, yo, a la franca me abro, Coroto…

-¿Tas huevón, Colorado? ¡Tú ya estás metido en esto así que mejor colaboras!

-Disculpa lo del canuto, causita… Se me fue la mano, jugador.

-¡Te pasaste de vueltas, Mazamorra!

-¡Ya, compadritos! Entonces, nos encontramos pasado mañana a las ocho en el parque Túpac Amaru, frente a Poblete… ¿Ta bien?… ¿Oíste Colorado?… No nos falles, ¿ah?

-¡Y con el tanque lleno, Colorado!

-Por su puesto, Mazamorra, eso corre por mi cuenta…

-Déjanos en Santana pues, Colorado…

-¡Entonces, así quedamos!

-Sí, pero ese día lávate las patas, Mostrobelo…

-¿Qué te pasa huevón de mierda?

-Ya pé, no comiencen…

-¡Es que usted, causita, se maneja una pezuña bien bravasa…

El verano se fue con las hembritas… (*)

(*) Extracto de la novela “Paraíso delos Suicidas”

Y la playa se quedó llena de vagos, de locos y de pereros.  Como ya no estábamos en el colegio y nuestros viejos no querían vernos pateando latas, el papá del Potón le consiguió una chambita de mensajero en una  radio pacharaca.  Era una chamba de mierda pero las primeras paltas entre nosotros comenzaron cuando el huevón empezó a ganar su billete.

 

Desde que estaba en cuarto de media mi viejo dejó bien claro que a la universidad no me mandaba ni cagando. Que esas huevadas son para los cabritos y unos cuantos ayayeros de la gente que tiene la sartén por el mango.  Pura pérdida de tiempo y billete para chibolos engreídos que ya la tienen fija.  Y que lo mejor que yo podía hacer era engancharme de inmediato a una transnacional y hacer carrera.  Esa sí era una decisión inteligente, práctica, decente.  Buena ropa, buen combo, un  carro, buenas relaciones, una jubilación y hasta tu nicho pagado…

 

-No hay actividad más próspera que el comercio… La inversión extranjera… -, decía eufórico mi viejo golpeando la mesa de la cocina con el puño. 

 

Nada bueno iba a sacar yo de los libros y el viejo de Potón pensaba igualito.  Francamente, en mi colegio eran pocos los que hablaban de postular a la universidad y ninguno se juntaba conmigo. La voz era ponerse a chambear al toque para comprar ropa, cigarrillos, tragos, yerba… Tener provisiones para la juerga y otras huevadas que tus viejos ya no quieren pagarte ni bien terminas el quinto de media.  Además,  también hay chambas donde hasta te ponen el carro para  levantar hembritas  ¡Ahhh! Esas son las mejores…

 

Pero cando mis viejos empezaron con su cantaleta al toque me arrepentí de haber dejado de ser escolar ¡Qué chinchosos!  Para ellos la cosa era tan simple como agarrar el periódico del domingo y salir el lunes a buscar chamba… Cuestión de levantarse tempranito nomás…  Y todo porque hay que poner el hombro y empezar a reemplazar a mi viejo… ¡Mezquino amor paternal!…

 

-Solito vas a ir descubriendo tu vocación… -, empezaba la cargosa de mi vieja y no paraba todo el día. 

-Por mientras, nomás -, interrumpía mi viejo sin despegar la vista del periódico.

 

Eso era todo… Jamás me dijeron abiertamente lo que esperaban de mí  ¡Pobres!… Ahora me doy cuenta que ni ellos sabían qué hacer con su vida y estaban improvisando como todo el mundo.  Y la televisión en la sala; la radiola junto a la lámpara de pie en el pasillo; la pequeña y desteñida alfombra persa en el recibidor.  Y en la cocina la licuadora, la batidora y la infinidad de electrodomésticos de los que mi papá nos atiborraba para probar un poquito del bienestar de sus jefes y que terminó haciéndonos sentir estafados… ¡Ah!… Pero qué bien la pasábamos cuando salíamos a celebrar a un buen restaurante, a tomar helados… Cuando compramos el carro y los muebles que hasta ahora tenemos en la sala…  Tan mal nos acostumbramos a esos pocos momentos de abundancia que terminamos gratificándonos con anticipación. 

 

-¡Hay que ser positivos, caracho!  

 

Pero la verdad es que cada vez empezó a pasar más tiempo para que podamos ver tanta plata junta.  Entonces, mi viejo salía conque iba guardar las próximas comisiones en el banco pero jamás cumplió su promesa.  Creo que en el fondo no sabía qué hacer con la plata.    

 

Mientras que nuestros  viejos no nos pedían para la olla preferimos hacernos los locos. Me llegaba al pincho tener que salir a buscar chamba porque mi viejo me prestaba el mismo traje recontra pasado de moda.  De zapatos, ni hablar.  Pero peor estaba de calzoncillos y de medias. 

 

-Sólo nos queda la percha, huevón… -  me decía el Potón – Es lo único que nos salva… 

 

Pero se equivocó porque las calles estaban repletas de compadres más pepones, mejor vestidos, con carro y dispuestos a sacar de un codazo a quien mierda se pusiera en sus caminos. Nosotros jamás tuvimos esa agresividad para la competencia. En realidad éramos unos ingenuos.

 

Es curioso cómo algunos patas saben desde chiquillos lo que quieren de la vida y cómo van a obtenerlo. Nosotros nunca fuimos así.  Siempre pensé que iba tenerlo todo pero jamás me detuve a pensar cómo…  ¿A qué se debe?…  Potón dice que es la coca la que te hace pensar en grande.   Yo no creo.  Mi mamá dice que con una buena chamba puedo tenerlo. Pero yo no he visto que mi papá haya llegado muy lejos.    No.  De hecho existe algo más que esto…

 

Tener un trabajo para vivir como el chino Coco, el negro Javier, el flaco Egocheaga ¿Ellos viven la vida que yo quiero? ¡No!  Porque trabajar para ser como Alan, Bruce, Malcolm y esos que paraban en la playa, tendría que nacer de nuevo… ¿Qué tipo de chamba me nivelaría con ellos? ¡Nada, pues!… Por eso es que muchos se meten a vender coca… ¿Acaso la pepa fue suficiente?… No… ¡Todo cuenta carajo!  ¡Si lo hubiera sabido!…  Tu colegio, tu barrio, el carro de tu viejo, tu apellido, tu ropa, tu pellejo, tus regalos de cumpleaños, tus parientes lejanos… ¡Todo!

 

Ya no caminábamos por las calles tan alegres porque no teníamos plata ni para comprar  cigarrillos sueltos.  Como la mezquindad empezaba a afectarnos,  Potón  se escondía los suyos en la media y prefería no fumar que compartir un cigarrillo.  Todavía éramos buenos amigos pero se iba a comer pollo a la brasa a escondidas. Desde que empezó a trabajar se metió en el Saponautas y  dejaba que la gente mayor del barrio le sacara la plata en el billar con tal de sentirse uno de ellos  ¡El huevón perdía todo el tiempo!  ¡En su cara le hacían trampa al cojudaso!  ¡Y se lo vivían de lo lindo!  Se ponía las chelas, las fuentes de ceviche, las cajetillas de cigarros ¡Todo!  Y cuando se quedaba misio me buscaba.  Cuando lo nombraron en su chamba y le subieron el sueldo ya no lo aguantaba.  El huevón alucinaba grandezas. Hablaba de autos carísimos y de marcas de ropa que en su puta vida se había comprado. Como un cojudo repetía todas las huevadas que escuchaba a otra gente y cuando yo quería hablar de otra cosa me salía al toque conque él pagaba todo y esas huevadas… Ya me estaba llegando al pirifincho.

 

 

Toda la tarde había estado llama que llama por teléfono pero mi vieja no había querido comunicarme ¡Claro!  Cómo era sábado, la pendeja ya sabía que íbamos a malograrnos y al toque empezaba a cargosear con su letanía acerca de las drogas y las malas juntas ¡Todas esas huevadas que te dice tu vieja justo cuando te estás alistando para salir, carajo! 

 

-¿Ya ves? ¿No te digo? Mejor ponte a trabajar… 

 

Pero en un descuido, mientras en la cocina la tetera pitaba como un barco, aproveché para contestar y tenía razón.  Era el desgraciado de Potón que – como acababan de  pagarle – quería salir a celebrar.  Propuso que nos fuéramos con un par de hembritas de su chamba a chupar a Miraflores y me iba a prestar plata hasta que pueda chorearle a mi viejo de la billetera.

 

Las hembritas eran unos cuerazos mayores que nosotros y se notaba que todo lo que Potón tenía en el bolsillo ni cagando nos iba a alcanzar.  Por suerte a mi chica le caí  bien y a las finales terminó pagando la cuenta como si nada. El huevonaso estaba insoportable y a cada rato daba ganas de sacarle la mierda. No dejaba de hablar de carros y de recalcar que yo era un vago. Me quiso cagar tanto en público, que mi chica se molestó y no le dirigió más la palabra.

 

A insistencia del cojudaso del Potón -aconsejado por la gente del Saponautas -  epezamos en La Miel… ¡Qué atorrante! Lo primero que hizo el cojudo fue hablarle en inglés al mozo que lo cagó al toque.  El characato masticaba su inglés y educadamente lo revolcó varias veces en el pendejo idioma de los gringos.

 

Las chicas se aburrían horrible y no querían bailar porque había demasiada luz y creían que todo el mundo se estaba dando cuenta que eran mayores que nosotros. Además las dos ruedas de trago resultaron una mierda.  Y en medio de tremenda mongueada, sólo al imbécil del Potón se le pudo ocurrir pedir otra rueda. Entonces sí que las chicas ya no quisieron seguir tomando.  Para colmo, el muy solapa iba y venía conchudamente del baño y me juraba por su madre que no tenía nada de coca…  ¡Una mierda!… Cuando pedimos la cuenta, le hizo un chongo al mozo porque no quería pagar por los tragos que las chicas no se habían tomado ¡Puta madre!  Ya lo habían levantado en peso un par de corpulentos guachimanes, cuando mi chica sacó un billete de su cartera y le pidió al characato que separe la cuenta  ¡El  brutazo del Potón hasta le festejó la idea!  Y encima, una vez afuera, propuso una colecta para comprar un preparado para tomarlo en el parque Salazar.  Las chicas lo mandaron a la mierda y se subieron a un taxi sin despedirse.

 

-Misio de mierda ¿Quieres salir con hembritas, no? ¡Entonces trabaja, huevón! Ahora vamos a tener que regresar a pie, porque ya gasté mucha plata.  Lo que me queda es para mis pasajes de toda la semana… -, me gritó en la calle delante de todo el mundo. 

 

Miraflores estaba en pleno vacilón y nosotros regresábamos a Magdalena gramputeándonos. Para variar, Larco reventaba de hembritas y yo estaba misio.  En lo último que quiso gastar el Potón fue en una chata de ron.

 

-Si vamos a ir caminando, mejor que sea chupando… -, me dijo tratando de disimular la dureza. 

 

De pronto, cerca del primer óvalo de Miraflores, se detuvo un taxi y alguien nos pasó la voz.   Se nos paró el corazón pensando que eran las chicas que regresaban arrepentidas a buscarnos.

 

-Apúrense, pues chicos… -, gritó una voz afeminada.

 

Pero con desilusión  nos dimos cuenta que era Pati Gallinazo, otro pata del colegio. Tenía unas tetasas inmensas y estaba metido en un traje rojo apretadísimo, unos enormes tacones blancos y maquillado como una vedette, con una sedosa peluca platinada que le caía en cascadas sobre los hombros.  Estaba regia, irreconocible. Nos contó haciendo pucheros que venía de ganar un concurso de belleza en un elegante hostal de Miraflores.  Se iba feliz de regreso a su casa para contarle a su vieja su triunfo con lujo de detalles y a guardar su cetro y su corona de plástico en un lugar privilegiado.

 

-¡Ay chicos, no sé cómo los he reconocido! – nos dijo luciendo sus uñazas escarchadas.

-Franco que no me acordaba que eras tan rica, Pati – le dijo el Potón, pulseándole una teta.

-Son naturales, papacito…

-En serio que estás irreconocible… – insistió el Potón tratando de jalarle la peluca.

-¿Qué té pasa a ti oye, ah? ¿Estás payaso, no? No te juegues así… ¡Sí vas a estar con esas bromas te me bajas!

-Discúlpame, Pati Gallinazo,  es que no me acostumbro…

-Pues acostúmbrate, hijito, porque desde ahora soy una reina… ¡Y gallinazo será tu abuela! Mi nombre es Pati nomás, ¿Oíste?…

-¡Salud por eso, Pati!

-¡Tengo unas pepas! ¿Qué les parece si compramos unos tragos y nos vamos a celebrar a mi casa?

-¡Puuuta, Pati!

-Compramos coca, marihuana… ¿Qué quieren?… ¡Es que quiero celebrar!

-Cómprate un trago aquí en Ríos para ir chupando por el camino y después ya veremos – sugirió el Potón lleno de muecas.

-¿Maestro, por favor, puede parar un ratito en Ríos… Aquí en Santa Cruz, nomás… ¿Conoce?… – le dijo Pati al taxista.

-Nosotros estamos misios, ¿ah?

-Yo invito, pues… Pero baja tú nomás, Potón… Porque vestida así es mucho roche…

 

Pati Gallinazo también vivía en Magdalena y desde que tenía dieciséis venía ahorrando para operarse. Ya se había puesto un par de pechos regios y seguía lavando, peinando y recortando melenas para amputarse el miembro. Trabajaba de sol a sombra  en una modesta peluquería que había montado en el garaje de su amiga  en el jirón Bolognesi. 

 

Mientras Pati me ponía al día de sus últimos logros, oímos que el Potón gritaba. Venía corriéndose de un par de angustiados que querían cuadrarlo. Me tiré del carro y reduje a uno de los pendejos de un tremendo cabezazo que me dejó cojudo.  Pero en un ratito nos acorraló una manchita y uno de los huevones se me lanzó con su botella rota.  Sólo de puro lechero pude esquivarlo. La siguiente embestida me habría decapitado pero, por suerte, el tipo se desplomó delante de mí. Era Pati,  que se había sacado los tacones y estaba repartiendo golpe que daba miedo.  El ruido fatal del motor del taxi alejándose con sus trofeos la distrajo por un instante y el angustiado de la botella rota le acertó en la cara.  El horrendo grito de dolor de la infeliz paralizó el vecindario y mientras Pati caía de rodillas cubierta de sangre los fumones se dispersaron en distintas direcciones.

 

Le envolví la cabeza  como pude con mi camisa nueva y nos fuimos en taxi hechos un pedo al hospital Santa Rosa.  Ninguno de los dos quiso declararse como acompañante, así que Pati se quedó solita en la sala de emergencias,  cubriéndose la herida hasta que el residente de turno pudo zurcírsela.  Esa fue también la última vez que vi al Potón y con el tiempo nos perdimos de vista por completo. A Pati si la he visto un montón de veces pero no he querido detenerme a conversar.  Palabra que me dio gusto cuando me contaron que ahora tenía una buena peluquería y que había conseguido amputarse lo que le estorbaba entre las piernas.  Pero a pesar de tanta cirugía, todavía quedan huellas de aquella horrible noche en su rostro.  Y por eso la pobre sigue ahorrando…

Era como si la plata le quemara en el bolsillo… (*)

 

 

(*) Extracto de la novela ”Paraíso de los Suicidas” 

 

 

… ¡Sinceramente me tenía harta!…  ¡Siempre lo mismo!… No le importaba quedarse sin un centavo con tal de seguir agigantando ese montón de discos viejos…   Nadie puede decir que no se lo advertí…  Hasta me ofrecí a darle una limpieza a fondo a este cuarto de chiflado en el que se había acostumbrado a vivir…   Su mami, dice que de chico era bien ordenado pero que siempre exageraba con las colecciones…  Dice que si no eran los chistes, eran las figuritas de los álbumes o las postales…   ¡No sabe de dónde sacaba tantas!…  Tenía  cientos  debajo  de   la cama   y   se pasaba  horas viajando  dentro de ellas.  Dice que cuando  se aficionó a los pequeños calendarios de mujeres desnudas al toque lo metió a los scouts, donde se dedicó a coleccionar insectos… ¡Lalito! ¡Cómo te quiero!…  Tal vez debí entrar sin preguntarte pero te atormentaba que la Chelita pensara otra cosa  ¡Qué importaba! ¿Acaso no éramos enamorados?  Seguro que el viejo Alfonso aprovechaba para botarte… Pero la primera y única vez que entré a tu habitación me quedé impresionada… ¡No estabas bien, Lalito!  Así sólo vive un loco, un deprimido  ¡Cómo no me di cuenta antes! Ya no cabía nada más en el suelo, ni en esas repisas colgadas a la diabla… Y debajo de tu cama no habías limpiado en años; las cajas de casetes en los rincones llegaban hasta el techo y las montañas de envolturas de papel celofán ahogaban la escasa luz que se colaba por la ventana…  Ropa y un montón de cachivaches cubiertos de polvo se perpetuaban sobre tus torres de grabadoras y parlantes… ¡Qué impresión!  Colchones de gruesas telarañas se mecían en las esquinas del techo. No había espacio ni para caminar   ¿Cómo hacías para acostarte en ese lío de almohadas y trapos?… ¡Qué horror, Lalo!…  Por eso era que ya no dejabas que los chicos entren a tu cuarto… Sabías que lo primero que iban a hacer es ir corriendo a contarle a don Alfonso… ¿Por qué no hice algo entonces?… La noche del temblor -cuando quedaste sepultado por tus discos y Santos te rescató como después de media hora-, lo tomé a la ligera ¡Qué sonsa! Te escuché divertida cuando me contaste cómo el cholito -más Bruce Lee que nunca- se metió tremendo alarido antes de abrir la puerta de un patadón pero no imaginé que vivieras en este desorden… ¡Qué horror!…  

 

Cada mañana se levantaba atormentado con la idea de una colección incompleta y se acostaba igualito. En su obsesión por encontrar  una joya valiosa en La Colmena, en Tacora o en la cachina salía de la pensión con una bolsa repleta de discos que se había pirateado y se ponía sus peores trapos encima porque estaba convencido que así le vendían más barato.  Su reputación atrajo a los entendidos y por eso ampliar su colección se convirtió en una necesidad vital. Era sublime para un ego tan maltratado como el suyo ser considerado un conocedor y eso reforzaba su intención de hablar casi exclusivamente de música. Marita tenía razón. Le agarró fuerte. Y por eso nunca tenía plata para invitarla a salir.

 

… ¡Diagonal es una feria! Está que revienta de ambulantes. Los pitucos deben estar con los nervios de punta… Aunque soy un intruso, me cuesta creer que antes muchos de estos caminaban del otro lado de la vereda con una vida más o menos resuelta… Cuántos chibolos hay que recién han terminado el colegio, la academia o la universidad y ya están de ambulantes ¡Carajo!… ¿Y los que no pudieron seguir estudiando?… ¡Jodidos, pues!  Como yo… Lo mas loco es que son optimistas… ¡Qué nervios!… ¡Con la paciencia que esperan a que les caiga un comprador!… 

 

-En las chambas no quieren ni cholos, ni oscuros, ni pobretones, cuñadito… Si te metiste a estudiar algo, te cagaste, mi hermano. Porque si no saliste de la Católica, de la Pacífico o la de Lima, tira tu manta nomás…  Mírame a mí, escultor de  Bellas Artes y todo… ¿Y de qué me sirve?…

 

… El negro Tanaka no salió de misio ni siquiera cuando terminó la colosal ornamentación del Mokambo.  Llevaba casi tres meses tratando de vender un par de esculturas que todo el mundo le basureaba.  Pero ya no le importaba.  Estaba seguro que su suerte iba a cambiar en Japón.  Aquí se había pasado la vida explicándole a la gente que su mamá era chinchana y su papá nisei… ¡Estaba ñato de risa!… Pero le daba pena dejar sus esculturas.  Le cobraban un huevo de plata para sacarlas del país.  Dice que después va a mandar por ellas y que también piensa llevarse a  su vieja y a todos sus hermanos… ¡Buena gente, Tanaka! ¡Tiene planes, carajo!… En cambio yo sigo metido en este mar de serruchos… ¡Qué huevón!… ¡Hasta Tanaka sabe lo que quiere!… ¡Y uno que es blanco, decente, carajo!… Pero esto es temporal… Pronto me verán caminando de nuevo entre la gente del otro lado de la vereda… De donde jamás debí de salir… 

 

Pero,  por si acaso, sacudía el polvo de la mercadería con un atadito de ruda.

 

-Esos aparatos están prendidos todo el día y me gastan una barbaridad de corriente…  Cuando venga la policía a buscarte los voy a tener que llevar a tu  cuarto… Es cuestión de tiempo nomás… Así que mejor anda buscándote otro lugar donde vivir porque yo no quiero problemas… No es nada personal… Si me acusan de ser tu cómplice me cierran el local y yo tengo una familia que alimentar…  

 

Así arrancaba don Alfonso ni bien lo veía y con ese pretexto le había subido el alquiler tres veces en un solo año.

 

-¡Construir sobre estas ruinas también es ilícito!… -, contestaba metiéndose rápidamente  en su habitación.

 

-Este viejo cada día está más loco, hijo… No le hagas caso… -, decía Chelita guiñándole el ojo mientras  le servía una yapita de estofado.

 

… ¡Qué bueno! ¡Hoy es juergues y todo está en su punto! ¡Qué lluvia ni qué carajo!…  ¡Por mi madre que a los malogrados no los detiene nada!… Ahí está el flaco Escopeta moviendo vaina en la esquina… ¡Eso jala la gente! ¡Ojalá me compren algo los juergueros!… 

 

-¡Cigarrillos importados! ¡Cigarrillos!…

 

…¡Gran cosa!… Por la mitad se te apagan y terminas prendiéndote otro… ¿Vino importado? ¡Saca ronchas, dirán! ¡Falsificadores! ¡Condones pasados y golosinas rancias!… ¡Importado! ¡Importado!… ¡Pero la gente compra, carajo!… ¡Es lo que más sale!… ¡Contrabandistas!… Siempre ha sido así… Lo que se fabrica fuera del país es mejor aunque sepa a rancio…

 

… Los anticuarios también venden como mierda… ¡Qué bien les va, carajo! ¿Para qué sirve tanta cristalería, los fonógrafos, las espuelas y las zapatillas virreinales?… Un casete por lo menos lo escuchas… ¿Pero qué le sacas a una vieja sombrerera? Huevadas nomás compra la gente… Aunque algunos no son cojudos, ¿ah? ¡Regatean como misios! Otros vienen para ver si pueden recuperar sus cosas.  Por eso la Cachina se está mudando para acá…  Ni bien termina la venta en el centro toman su colectivo y se chantan aquí…  ¡Qué vivos!… ¿No?… ¡Claro! La gente se lleva un montón de objetos robados y cosas que los parientes le venden a los botelleros ni bien entierran al difunto… ¡Diagonal se está maleando!… Pero qué bien instalados que están mis compadres, ¿no? ¡Igualito que en la avenida Abancay! ¡Claro! Sólo dejan un pasillo angosto para que la gente circule a paso de procesión… Así se detienen a curiosear… Qué vivos,  ¿no?… ¡Se la están buscando, serruchos!… Después no lloren, ¿ah?… ¡Carajo!… ¡Acaparadores!… Cada vez vienen más temprano… Tienen tremendo puesto en la avenida de La Marina y todavía vienen a chantarse acá…  ¡Así tampoco, pues!… ¡Claro!… Como en la sierra llueve a cántaros se cagan de risa de la garúa limeña… Sabidos, ¿no?  Pero cuidado que también te enfermas, ¿ah?… Si la lana se moja crece y los pendejos te empujan la chompa como talla de gringo… Nunca pierden… Y de todo se burlan, ¿no?…  ¿Quién se ríe de los huaycos? ¿Ah? ¡Pendejos! Se conocen todas las de la calle… Cuando hace frío, se chantan encima la merca y después te la venden oliendo a llama fresca ¡Ingeniosos los gramputas!… Cubren su merca con unos tremendos plasticotes que están buenazos… ¿Dónde los compran, ah? Nunca  pasan la voz, carajo  ¡Argolleros! ¡Claro! Se cagan de risa esperando a que pase la lluvia debajo de un árbol del Kennedy… ¿Qué les va a importar que los vean las hembritas tirados en el suelo?… Hasta hay una mamacha jalando su carretilla y les sirve una sopita con mote en el parque principal de Miraflores… Están abusando, serruchos, ¿ah?…

 

… ¡Cuándo no! Los jipiados siguen tirados bajo los toldos de las tiendas.  Y el loco Larry aprovecha para salir a disparar la de treintaiseis milímetros… ¡Nadie se da cuenta, Larry!  Dice el cojudo que anda reuniendo pruebas para que el municipio se los levante de una vez por todas ¡Ni tú mismo te la crees!… Ya sabemos que sientes una extraña fascinación por la miseria… Sino, ¿porqué sigues aquí?  Y el Bob Marley de Santa Cruz, con sus enormes audífonos brinca frente a los retratos desteñidos de la vitrina de tu estudio… ¿Para qué te jalas  los pelos, Larry?…   Y es que a estos conchudos nada les corta el vacilón. Con el cuento de la comuna se vienen malogrando en las calles durante décadas… ¡Qué pendejos! Pero los verdaderos artesanos están jodidos.  Por la pinta nomás  ¡No hay derecho!… Ellos están siempre chambeando y no viven en las calles.  Yo he visto cómo hacen su capitalito… ¡Me consta!… Todavía se dan el lujo de hacer turismo… ¡Qué rico! ¡Hay que reconocer que saben vivir, carajo! Tranquilos, con su mochila  a cuestas, se recorren todito el Perú y hasta se cruzan la frontera.  Los más fichos llegan hasta Bali y las hembritas calladitas sacan el billete… ¡Bacán, pues!… Como mi pata Nicolás, que  hace tiempo no lo veo por aquí. O como Salomón, que viaja con su chica por Brasil y Argentina en vez de quedarse tirados fumando yerba en Diagonal… Cada Navidad vienen a ver a sus viejos y  me los encuentro cargaditos de billete… ¡La suerte que tienen algunos! ¿No?… También están los que vienen de provincias y que lo dejan todo para buscarse la vida en Lima.  Como los  charapas que -a pesar que no les faltaba nada en Iquitos – se  vinieron trayendo contrabando del Brasil.  No era mala la idea.  Pero la otra vez vi al menor abrazado de una jipilina  y con pinta de estar viviendo en la calle. Al otro me lo encontré en la Colmena vendiendo camisetas en un mar de ambulantes, todos provincianos como él.  Tenía una inmensa arruga de preocupación en la frente ¡Cuánto ha cambiado! Me contó que estaba resentido con su hermano menor y que vivía solo en un cuartito en la Victoria… Hasta me dio el teléfono de una vecina y todo.  Pero ni siquiera lo apunté… ¡Conchasumadre!… ¡Y  yo que me quejo de mi mala suerte!…

 

                                       ♫♫ If you wanna hang out            

                                             You gotta take around

                                             Cocaine…

                                             If you wanna get down…

                                            Down all around

                                            Cocaine… ♫♫

                      

…¡Todo el mundo está por aquí!… ¡Ah! Por fin terminó la lluvia.  Las parejitas, que salen bien abrigadas de los cines, desaparecen devoradas por el laberinto de San Ramón y serpentean entre las mesas repletas de malogrados, que liban jarras de vino y cerveza con confianza  porque el Escopeta y su séquito andan merodeando por la esquina.  Los más cargosos – esos a los que se les sube rápido el trago – aprovechan el respaldo de la mancha para sirear a las hembritas que pasan con su macho y a propósito arman una bronca para huir sin pagar la cuenta. Unos veteranos bordonean boleros de los Panchos y una decena de mariachis se baja de un Volswagen al compás del bombo de un conjunto folclórico que levanta de un salto a dos borrachos que se estaban quedando dormidos en la mesa.  Juan Acevedo se detiene como siempre a conversar con la gente y después de divertirnos con sus ocurrencias le compra a Lalo un casete a su hijo.        

 

Junto a Lalo se instalan un par de veteranos maestros de secundaria, miraflorinos del sector humilde, que de puro bohemios tienden su manta cada noche regando toneladas de libros usados.  Vendían muy poco pero alrededor de ellos se formaban unas divertidas tertulias donde se discutía todo lo que sucedía en las calles.  Eran los pioneros de Diagonal pero jamás imaginaron que la calle sería irrumpida por tremenda muchedumbre. Lo que comenzó como un simpático rastro de pulgas terminó convertido en un mercado de ambulantes. Y con la saturación se acabó también el negocio.

 

-La pituquería nunca le va a perdonar al hijo de Bedoya que haya dejado a tanto cholo instalarse en las veredas…

-Me han dicho que hasta en los avisos parroquiales están corriendo la voz para que no nos compren nada… ¿Cómo pueden decirle a la gente que vaya en contra del prójimo?

-No es eso, hermanón.  Los que llenan la iglesia también votan, pues. Allí los cogen relajados y les filtran las ideas…   

-“Vox populi, vox Dei”…

-Hasta hace poco nos compraban  y ahora nos tuercen…

-De repente creen que están pecando…

-Yo sólo sé que si nadie nos compra nos vamos a ir otra vez a la mierda…

-¡Qué lástima, don Mario!

-Peor va a ser cuando entre el nuevo alcalde. Ahí sí que nadie los para…

-¡Ornato, señores! ¡Ornato! ¡Primero son las apariencias!…

-Pero también hay que reconocer que somos bien feos… – gritó don Mario, que estaba echado en su manta cuan largo era, tomándose un cafecito con leche con el pucho en la boca.

-¿Pero no ha visto la cantidad de pirañitas que hay en el parque Kennedy?

-El problema somos nosotros… Porque dicen que hemos maleado Miraflores…

-Según el cristal con que se mire…

-Aquí no estamos por capricho sino por necesidad… Si aquí hay venta, no nos queda otra.

-¿Usted cree, don Antonio, que si tuviéramos un empleo estaríamos aquí con este frío, corriendo el riesgo de que nos decomisen la merca?

-Y que nos asalten…

-¡Claro que no pues, carajo!

-Lo que pasa es que la gente cree que somos unos vagos. Que preferimos estar tirados en las veredas en lugar de buscar chamba. 

-Eso serán los jipiados pero acá todos somos gente responsable, padres de familia…

-¡Y la mayoría de nosotros se ha quedado sin chamba! Además, si fuéramos unos vagos no estaríamos parados aguantando humillaciones y reventándonos las várices…

-Aveces me voy sin haber vendido nada, tío. Y al día siguiente regreso por pura necesidad.

-Lo que quisieran es no tener que vernos nunca…

-Porque son unos egoístas…

-No les interesa lo que está comiendo el vecino.

-Si uno es pobre se jodió para siempre porque para ellos es normal que nos pase todo lo malo…

-Hasta es bíblico, señores… Siempre habrá gente pobre…

-Lo que les da cólera es tanto cholerío, tanto provinciano…

-Un momentito, un momentito… Aquí no todos somos serruchos.

-¡Eso! Todos los provincianos no somos serranos…

-Ya, ya, gringo… De la tapa su olla…

-Eso qué importa, hermanito.  Para ellos todos somos unos indeseables.

-¡El Perú está lleno de cholos, don Mario!

-Es una lastima que exista tanta desunión entre los peruanos…

-¡Y tanta ignorancia!…

-Pero te diré, hermanón, que la gente cada día es menos ignorante, ¿ah?… Hoy en día, para cualquier chambita de mierda te están pidiendo un montón de requisitos y la gente se prepara, carajo…

-Pero igual seguimos pateando latas, don Mario…

-De allí venimos choteados, carajo…

-¡Eso es lo que genera el resentimiento pues, muchacho! Con lo caro que está todo para que después de haberle pagado los estudios a tu hijo te lo descalifiquen por la cara… ¡No jodan, pues!

-¡Es una pendejada!

-¡Es anticonstitucional, carajo! 

-O sea que si eres feo, mejor ni estudies…

-¿Ya para qué naces, entonces?

-Un día, compadre, los feos seremos los dueños del país…

-Antes de eso se sienta a un militar en el Palacio de Gobierno, hermano…

-¡Uy, no! No diga eso, don Antonio…

-¡Contra!…

-¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!

-¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!

 

-¡Puta madre, cuñao! De un momento a otro entraron un huevo de carros nuevecitos… Haciendo caravana, tocando el claxon, como si hubiéramos clasificado para el mundial, huevón  ¡Imagínate! Eran un culo de compadres, bien a la  Heineken, gritando recontra asados… Con unas hembritas riquísimas sacando los cuerpasos por las ventanas, oye…  Levantaban los puños como en The Wall… ¡Se alucinaban bien feo! No creas, nos palteamos un poco cuñadito… ¡Daban miedo, oye!… Porque esa gente como anda noica siempre carga su canuto…

 

-¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!

-¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!

-¿Y a éstos qué les pasa?

-No sé, pero parece que les debiéramos algo…

-Mira esos carritos en los que andan, pues… ¿Cuándo tendrá plata uno de nosotros para comprar una carcocha?

-Pensarán que somos apristas…

-Si por culpa del APRA estamos en la calle, compadre…

-No, cojudo.  Creen que vamos a votar por el chino…

-Es que hay un huevón que dice que tiene el voto de los ambulantes y está en la plancha del chino…

-¡Por joder nomás votaría por ese japonés, carajo!

-Es que la gente está desengañada de los partidos políticos…

-¡Mira, cómo se ponen!…

-Ni que se hubieran quedado sin chamba como nosotros…

-Lo que pasa es que esta gente le teme más a la pobreza que a otra cosa, muchacho…

-Por eso se asustan de nosotros, don Mario…

-¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!

-¡Quémense una llanta y no jodan, pitucos de mierda!… – gritó el Bob Marley de Santa Cruz.

-¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!

 

-Pero puta, huevón, a los más achoradazos les llegó al pincho cuando apareció un burro con una gallina amarrada al lomo… La gallina estaba histérica y el burro que se cagaba de miedo… ¡Caminaba y se le iban cayendo los mojones en pleno Diagonal, compadre!… ¡Nos cagó a todos!  “Sólo un burro y una gallina no votarían por nosotros”, se leía en los carteles que le habían colgado a cada lado del lomo, cuñao…  ¡Pobrecito!  Detrás, venía a pata una mancha de ayayeros, bien a la moda, pero igualitos a cualquiera de nosotros, compadre… Claro que de hecho que tenían su chamba…  Pero nos miraban horrible, cuñado… Estaban esperando que les digamos algo, nomás…  Nos tenían bronca, compadre… ¿Qué chucha les habíamos hecho?…  ¡Qué feo, cuñao!…  ¿Alguna ves has sentido pánico en la procesión del Señor de los Milagros? Yo sí, cuñadito… Pero esto era peor porque los huevones venían dispuestos a pisotearlo todo… ¡Ya estaban hartos!… ¡Ni yo me iba a salvar!…

 

-¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!…

 

-¡Compadre!… Parecía como si la libertad que les faltaba estuviera en nuestras bolsas del sencillo… ¿Qué era eso?  Venían tan demoledores que al toque levantamos las cosas… Hasta pensamos que había llegado el día… Así que, por si acaso, agarramos unas cuantas piedras… Entonces pasó lo inesperado, tan rápido, que no les dio tiempo para darse cuenta… Tampoco tuvimos tiempo de advertirles… ¡Te juro, compadre, que uno detrás de otro rodaban por el suelo!… ¡Solititos se fueron literalmente a la mierda!…  Chillaban de asco, unos hasta se venían en huayco… Y nosotros no pudimos aguantarnos la risa…  Tropezaban unos con otros, patinaban y caían en la mierda del burro…  Rompieron filas embarrados de mierda y se sombrearon al toque, gramputeándose entre ellos… ¡No quedó nadie, compadre! Sólo unos mojones verdes pegados en la vereda. De rato en rato, uno que otro se seguía resbalando… Ya no nos daba risa… ¡Pobrecitos!…  

 

El único que parecía prestarle atención era Santos,  porque lo que es Chelita y don Alfonso se hicieron los locos y en silencio -seguros de que eran puras calumnias del callejero de Lalo-  abandonaron el comedor y desde esa noche lo sentenciaron para siempre.  Esta sí que no se la iban a perdonar…

La Cachina ha crecido tanto que ahora llega hasta la puerta de la librería (*)

 

(*) Extracto de la novela “Paraíso de los Suicidas”

 

 

  

 

Y cada mañana Genoveva tiene que mandar a mudar a los cachineros a punta de carajos porque le espantan los clientes.

 

-¿Qué cosa?… ¡Ah no, hijitas!… Si creen que unos cuantos choros me van a atarantar, se equivocan… Estos flacuchentos son un chancay de a medio comparados con la gente brava con la que yo he tenido que lidiar desde jovencita en el terminal.  Respetos guardan respetos… Entre esta gente, quien no se hace respetar está frito… No hay que parecer cojudas, hijitas. Hay que pararlos en “fa”, sin miedo nomás, sino al toque se te suben a la cabeza… ¿Están cojudos?… Cualquier cosa ustedes me avisan, que yo salgo con mi escoba y les enseño a respetar a las mujeres.

-¡Pucha, qué achorada que eres mamá!… – dijo Brenda, la que más se quejaba.

-¡Ninguna achorada! Las mujeres tenemos que hacernos respetar… A mí nadie me viene a agarrar de sonsa…

-No te preocupes, mamá, no creo que nadie se atreva… – intervino Marita.

-Payasa estás tú, ¿no? ¡Ya pasa, carajo, y ponte a  ordenar el pedido que acaba de llegar!

 

A cada rato los delincuentes atracaban a los que se detenían en el semáforo usando una bujía o un piedrón para reventar los vidrios para llevarse un escuálido botín.  Los malandrines proliferaban desde el Parque Universitario hasta la Plaza San Martín y ofrecían sus hurtos inmediatamente a los cachineros, que se aprovechaban de su angustia para pagarles una bicoca.

 

-Lo que rinde son los prostíbulos… Estas oficinas que ves aquí, hijita, las alquilan por las noches como casa de citas… Toditito este jirón se llena de cholitas que se pasean casi calatas de esquina a esquina y después se meten a las oficinas con los hombres… – le contaba a Genoveva la dueña  de la agencia de viajes de allí junto.

 

Pasadas las seis de la tarde cualquiera corría el riesgo de ser asaltado y  algunos comerciantes cerraban sus puertas más temprano. Por eso el negocio se estaba viniendo abajo. Y aunque se pusieron de acuerdo para abrir antes de las ocho de la mañana y algunos instalaron rejas de fierro no pudieron resolver el problema. 

 

-Marita… ¡Mira a ese cojudo!

-¿Qué está haciendo?

-¡Es el colmo!…

 

En plena esquina del Parque Universitario un hombrecito de unos cincuenta años, semidesnudo,  con un calzoncillo inmundo que apenas le cubría las pelotas,  había logrado captar la atención de una docena de mirones.  Estaba metido en un barril de madera cortado por la mitad y estaba sumergido hasta las pantorrillas en una sustancia viscosa.  Se flagelaba con un recio fuete que le dejaba unas marcas inmensas en el cuerpo.  Sólo paraba de sollozar para teñirse la espalda con el líquido purpúreo usando un jarro de fierro enlozado y ante la atónita concurrencia.

 

-¡Por Dios!… ¿Pero qué vende ese hombre? – preguntó Lalo a uno de los espectadores.

-Penitencia, nomás está haciendo, papacito…

-¿Penitencia? ¿Qué es lo que ha hecho?      

-Ay, él nada ha hecho, papacito…  La sangre de los muertos ha traído, nomás…

-Dice que todos se murieron…

-A todas las gentes las han matado…

-¿Matado? ¿En dónde, ah?

-En su pueblo, pues, dice…

-¡Qué horror, Lalo!

-Vámonos, no les creas nada… – dijo cruzando la pista.

-¡No jodas, Lalo! Eso era sangre de verdad…

-¡Quién sabe, Marita! Pero eso sí, ¿ah?, toda esa gente me pareció bien de adentro…

-Eran comuneros.  Si los únicos que no entendíamos ni jota de lo que hablaban éramos nosotros.

-¿Era quechua?…

-¿Cómo habrán hecho para llegar hasta acá? Porque ninguno de esos tiene pinta de haber venido en Roggero… A leguas se ve que no han comido en días, Lalo…

-Esa gente agarra su bultito y bajan a pie.  Desde hace cincuenta años todos los días llegan a pata a la capital.

-¿Quién te ha dicho, oye? Eso sería en la época de Vallejo, cojudo… Ahora se trepan por decenas en los camiones. 

-¡Qué informadita!

-¡Para que veas!… Pero estos sí que tienen pinta de haber venido caminando – dijo señalando a unos mineros que hacían cola frente a una olla común para recibir el desayuno en una lata vacía.  Otros mendigaban por las inmediaciones con el casco en la mano.

-¡Estos papachos dan lástima! Tirar plancha durante veintitantos días desde los andes para que los tombos los expectoren con bombas lacrimógenas en la puerta del Congreso.

-Hace meses que los pobres están estancados y no han podido regresar a su pueblo… ¿Tú sabes en cuánto está el sueldo mínimo?

-Ya no tengo la menor idea, amorcito…

-Con las justas alcanza para diez tarros de leche, un kilo de azúcar y doce panes…

-¡No jodas!

-Uno de los reclamos era que por lo menos los nivelaran con el sueldo mínimo…

-Claro que la vida en provincias es más barata…

-¡Más barata!  Las cosas tienen que pagar su flete ¿Por qué crees que sólo se alimentan de lo que cosechan?… Es que casi nunca tienen efectivo, pues…  En muchas comunidades sólo usan el trueque…

-Por eso se hacen ilusiones con la limosna…

-No seas así… ¡Debe ser muy triste darse el trabajo de cruzar la cordillera buscando justicia para encontrarse con la indolencia!…

-Y ya tienen un mártir, creo… Ahorita lo acusan de terruco… ¡Por eso quieren hacer justicia con su propia mano, carajo! – gritó Lalo pateando una lata en el centro de la avenida Abancay.

-¡Guarda, compadre, no te me pongas tan sanmarquino que no sabes quién puede estar escuchando!…

 

La gente caminaba por la pista toreando a los carros.  A la altura de la Biblioteca Nacional cientos de vendedores ambulantes dormitaban sentados en ambos lados  de la vereda.  Pasaba lo mismo en la acera de enfrente donde el mar de comerciantes se extendía hasta la Plaza Manco Cápac. 

 

-No hay trabajo pues, señorita. Nosotros somos ambulantes por necesidad…

-Lo que no es justo, señorita, es que los empleados del Municipio aprovechen para hacer su agosto, pues… Le sacan el jugo a cada metro cuadrado de la ciudad, señorita.  Es un abuso…

-¡Sí! ¡Abusivos, son!

-¡Dos veces al día le cobran a uno!

-¡Eso es pa’ su bolsillo, señorita!

-¿No ve, cómo tienen toda la  vereda marcada con tiza?…

 

Junto al kiosco de periódicos,  una mujer cifraba sus esperanzas en una docena de chompitas infantiles tejidas a mano. Apoyada junto al poste de luz, miraba con angustia para todos lados mientras, desde su escondite,  los policías municipales seguían sus movimientos acechando como las bestias con su presa… Los demás, que saben lo que le espera, la miran por sobre el hombro sin advertirla del peligro.  Un hombre con un niño en brazos le entrega el dinero y ella se persigna, besa el billete y se lo esconde rápidamente en el busto.  Al instante, cuatro municipales le desbaratan el puesto y en medio del jaloneo, el hombre cae al piso con  niño y todo mientras la infeliz se niega a soltar su mercadería y se deja arrastrar entre la gente.

 

-No seas bruta, oye… Suelta la merca… -, le grita un vendedor secundado por sus colegas.

 

En vano la desgraciada rasguña y patea por recuperar lo decomisado.  Algunos peatones consternados le abren paso y otros se detienen a mirar.  Pero la mayoría prefiere seguir su camino.  La pobre mujer corre como una desquiciada detrás del camión municipal,  regando el sencillo que lleva en el mandil y se hinca de rodillas en medio de la pista implorando que le devuelvan sus cosas.  Al ver que el vehículo se aleja, se cubre el rostro con las manos y se echa a llorar. Los micros le tocan la bocina para que se aparte del camino ante el estupor de los pasajeros que miran por las ventanas creyéndola una demente.

 

En el lado opuesto de la calle se escucha otro griterío pero ahora se trata de un par de ambulantes que a puñetazo limpio se disputan el mismo lugar.  El más airado le muestra al otro un ticket de rifa que reclama como recibo de pago.  En medio de la chacota general descubre que ha sido estafado y los municipales que lo sacan de allí a palazo limpio.

 

Un mar de objetos de segunda, tercera y cuarta mano se ponía a disposición del público entre Roosevelt y el Parque Universitario.  A pesar de la insignificancia de los objetos poco era lo que estaba al alcance de la gente que, después de mil regateos tenía que salir prácticamente huyendo del lugar por temor a ser asaltados por los rateros que al toque le devolvían la mercancía al reducidor.

 

-¡Increíble la cantidad de gente que cabe en estas callecitas! – dijo Lalo atravesando una multitud de maestros que marchaba en medio de la avenida Abancay.

-¡Uy, siempre que estamos por aquí pienso en lo que sería un terremoto!…

-O un incendio o un coche bomba…

-¡Cállate! Por favor, no sigas, que tengo pánico a las multitudes.  Ya compra rápido tus casetes y vámonos al toque – dijo Marita agarrándolo de la mano y caminaron rapidísimo esquivando a un borracho que  dormitaba tendido en la vereda.

 

En Mesa Redonda -conocida también como la pequeña Arica-  la gente  compraba de todo al por mayor y menor. Sobretodo contrabando.

 

-Tío, dame cuatro cajas de Sony al toque nomás que me quito…

-No me queda ni una, flaco… Aquí sólo tengo las cajas vacías para exhibición nomás…

-¡Puta madre! No te me arañes pues, tío, que yo llevo para negocio…

-Este…, ¿cómo cuántas quieres,  sino?

-Cuatro cajas… La venta está baja, compadre…

-¡Oe, Pichicho, tráete cuatro sonys!… La cosa está caliente, flaco.  Ya no se puede tener la mercadería a la vista como antes… Uno que vive de esto no puede exponerse a que le quiten todo… Hay mucho soplón.  No lo digo por ti, ¿ah?… Pero no hay que confiarse…

-Si tú me conoces pues, tío…

-El mismo cliente te trae la mancada y por eso uno es desconfiado… Y así y todo a uno lo creen mala gente…

-Ya, tío, despacha nomás y no me chamulles…

-Por eso el precio ha subido un poquito…

-¡Puta, no jodas pues!

-No te me achores pues, flaco, que con las justas estoy ganando…

-Ya qué chucha, compadre. Igual las necesito.

-¡Ahoritita te las trae el Pichicho! Pérate a una ladito, nomás…

-Qué sabidos, ¿no?

-No es eso señorita… Es que la cosa está difícil…

 

Lalo encendió un cigarrillo, se recostó en un barril y le pasó el brazo a Marita por sobre el hombro.  Un tipo sentado en cuclillas frente a ellos mascaba chicle con la boca abierta mirando la gente pasar.  Sus ojos desafiantes le hacían bajar la mirada a cualquiera.  De pronto, entre la multitud aparece otro individuo con el torso al descubierto  y con un cuchillo de cocina en la mano se lanza como un felino sobre el hombre y lo atenaza por el cuello. El agresor sujeta el arma por el acero y lo suelta como  un látigo contra el rostro de su víctima y – al instante – un inmenso hematoma le deforma el cachete.

 

-¿Ya te olvidaste, reconchatumadre, cuando eras la mujer del negro Germán en Lurigancho? ¿Ah? -vociferó aprovechando que el otro se redujo a nada en el suelo para agarrarlo a puntapiés.  La gente empezaba a aglomerarse y a protestar por el abuso. 

-O sea, que mientras estoy guardado te caficheas a mi ñori, ¿no?… ¡Habla, mierda! – gritó practicándole un corte en la mano.

-¡Suelta pe’ pa’ decirte! ¡Suelta pe’ que estoy sangrando!

-¿Dónde está?  ¡Habla! – y lo pateó entre las costillas.

 

Los comerciantes le lanzaban bolsas con basura y amenazaban con llamar a la policía pero el delincuente seguía llenándolo de puntazos.

-¡’Tá  atrás, pe!… ¡’Tá atrás!… – masculló con el moflete monstruosamente hinchado.

 

El desalmado se detuvo en el acto, se ajustó los pantalones y sin soltar el cuchillo caminó hasta el kiosco y derribó la puerta de una sola patada.  Del interior salió una flacuchenta empapadita de sudor arreglándose la falda. Un color amarillo azafrán le  teñía la piel y los ojos evidenciando una hepatitis bien avanzada.

 

-Cachera eres, ¿no? – dijo el marido derribándola de un puñete.       

-¡Déjala abusivo!

-¡Por favor!  ¡Que alguien llame a la policía y se lleve preso a ese desgraciado!

-¡Policía! ¡Policía!                                                                                                                                                          

-¡Sal de ahí nomás, sonso de mierda! – gritó el hombre agarrando el kiosco otra vez a patadas.

 

Un cholito salió subiéndose la bragueta y partió la carrera entre la multitud.  El atacante hizo el ademán de perseguirlo, lanzó una patada al aire y con asombrosa destreza dio un giro para regresar hasta dónde había quedado  su mujer.  Después de esconderse el cuchillo entre las nalgas la levantó del suelo con una sola mano.

 

-¿Estás bien? ¡Habla, pues! – preguntó con preocupación más bajito – ¿Por qué no me esperas, ah? Si sabías que ya me iban a soltar, pé… – y  ambos se marcharon abrazados.

 

-¡Aquí están las cuatro de Sony, flaco!…

 

Lalo guardó su paquete en la mochila y en la esquina de la Plaza Gastañeta se treparon a un Santo Cristo.

 

-¡Valió la pena levantarse temprano! Ni bien llegue me voy a fumar un tronchito con la gente de la esquina y me pongo a grabar.

-¿Y no tienes otra cosa mejor que hacer? Eres de lo peor, ¿no?  ¡Qué pena me das!…

-¿¿Qué??

-Sí, Lalo, me das lástima… Compras contrabando, pirateas música y para coronarla te gastas la miseria que ganas en marihuana… Eso no está bien, Lalo.  Ya ni siquiera estudias…

-¿¿Qué?? ¡Puta madre! ¿Qué es lo que té pasa, ah? 

-¡Sin groserías, por favor! ¿Sabes qué?  Té has convertido en un conformista sin aspiraciones…

-¡Antes estabas de acuerdo conmigo!…

-Dijiste que era por mientras pero te has pegado horrible en esto y ya no quieres hacer otra cosa…

-¿Otra cosa? ¿Qué otra cosa puedo hacer en este país de mierda? ¿Ah?

-No lo sé, Lalo. Eso se te tiene que ocurrir a ti… Depende de lo que tú quieras hacer con tu vida…

-Ya me suenas a tía, oye…

-¿Tía? ¡Lo que pasa es que soy emocionalmente más madura que tú, huevón!… ¿Y tú? ¿Hasta cuándo piensas hacerte el loquito? ¡Debería de darte vergüenza andar de chiquiviejo con los fumones de la esquina!… ¡Atorrante!

-¿Cómo te picas, no? Nada se te puede decir que al toque te picas… ¡Ya me tienes harto, oye!

-Estoy perdiendo el tiempo contigo…  Sigue así nomás y vas a terminar igualito a esos bagres de la esquina… Antes por lo menos tenías un trabajo decente…

-¡No me hagas hablar!

-¡Siempre sales con lo mismo! ¿No tienes otra cosa que decir, oye? A ti nadie te convenció de nada… Tú solito dejaste tu trabajo… ¿No te dije que te quedaras en La Química?

-¡Yo no me refiero a eso!

-Si, ya sé a qué te refieres… Mi mamá tampoco te obligó a que invirtieras toda tu plata en libros. Tú querías sacar provecho con el menor esfuerzo, ¿o no? 

-¡Quería estudiar!

-¿Y qué te pasó?¿Por qué no estudiaste? ¿No te acuerdas cuánto admirabas a la gente que se sacaba la mierda trabajando y estudiando? ¿Crees que no sé que cuando me dejas te vas con tus amiguitos? Pero yo ya no me meto, si quieres perder el tiempo es problema tuyo…

-No me asustas, oye… ¿Y a qué te refieres con tus amiguitos? Oye, para que lo sepas esa es gente de billete en Chiclayo.

-¡Y eso qué importa! ¿Desde cuándo la plata te convierte en mejor persona?  Ya quisieras ser como esos que tanto choleas  ¡Eres la contradicción con patas, oye! 

-¿Ah? ¡Sacando la cara por los cholos! Como siempre…

-¡Calla, racista! ¿No te digo? Me niego a seguir hablando estupideces… – y aprovechó para cambiarse de lugar.  Sacó ”La vida exagerada de Martín Romaña” de su bolso y se puso a leer para ignorarlo.

-¡Claro! Siempre que pasamos al tema de la estafa te haces la loca ¡Me llega al pincho! 

 -¡Cállate, grosero! ¿Ya ves?  ¡Hasta hablas como esos vagos!… Y no me vengas con que no puedes seguir estudiando porque han suspendido las clases o porque estás en receso… No has movido un dedo en dos años para cambiarte de universidad porque te has acostumbrado a la vagancia.

-¿Y tú qué te crees? ¿Piensas que egresando de la Gracilaso ya triunfaste en la vida?  Tú también te equivocaste, cojuda, porque nadie te va a dar chamba…

-No me hables de universidades con roche que San Marcos está llena de terrucos y tú no haces nada para irte de allí… En tres años has avanzado un par de ciclos y yo voy por el sexto. No te olvides que empezamos juntos…

-¡Calla, aprista!

-¡Eres un idiota!

-El ARE, yo soy del ARE… ¡Qué viva el JAP!…

-Prefiero ser del ARE que tener los poemas de la Camarada Edith Lagos escondidos bajo el colchón para dármelas de revolucionario… Con la pinta que tienes, compadre, debes marcar choro a los terrucos…

-Yo los compré por curiosidad, nomás…

-¡Más huevón todavía!…

 

Lalo renunció a La Química para estudiar por las mañanas y cachuelear por las tardes en la librería.  Gran parte del dinero de la liquidación se la prestó a Genoveva esperando participar de las utilidades.  Pero su suegra invirtió demasiado en unos textos que resultaron incompatibles con el nuevo programa oficial. Cuando San Marcos entró una vez más en receso, Lalo se dedicó a la venta ambulatoria de libros a tiempo completo y cuando se le terminó el lote recorrió la Parada, Tacora y la avenida Grau para comprar libros. 

 

-En el negocio de libros hay demasiada competencia y transportarlos de un lugar a otro es un problema…

 

Pasó un tiempo tanteando qué vender y en sus recorridos por Tacora probó también con revistas, vejeces y antigüedades.

 

-Mi suerte cambió una mañana en que el Rod Stuart apareció en la pensión ofreciendo una maleta robada con cientos de casetes de rock clásico y progresivo…  Se la compré calladito por una miseria y en Mesa Redonda me conseguí una grabadora para sacar copias. La música tuvo una gran acogida en la universidad pero al toque nomás me salió competencia. Pero las calles todavía estaban vírgenes…

 

Pasadas las siete de la noche, tendía su manta muy cerca del boulevard San Ramón y fumando un cigarrillo tras otro esperaba a sus clientes.  Muerto de frío, envuelto en neblina o mojado por la terca garúa se preguntaba si había valido la pena cambiarlo todo para ser estudiante.

 

… ¡Y pensar que cuando trabajaba estuve tan cerca de comprarme un carrito! ¡Carajo!..

Ya no se sentía tan orgulloso de su carné universitario y con las justas le alcanzaba para pagar sus gastos.  Hasta don Alfonso le había pedido que se buscara otro lugar dónde vivir porque siempre estaba atrasado en el pago.  Aveces, llegaba por las noches derrotado por no haber vendido casi nada y tenía que irse a la cama con el estómago vacío porque no le habían guardado un plato de comida.

 

 

A la altura de la Plaza Unión,  se subió un tipo que pidió la atención de todos los pasajeros.

 

-Respetables señores, disculpen que los interrumpa en su bonito viaje… Pero quiero que sepan que acabo de salir de la prisión y tengo una necesidad muy grande… Yo no quisiera estar haciendo esto ahora pero así es el vicio ¡Qué se va a hacer!… Además, una vez afuera nadie le da a uno la mano… La sociedad me obliga a seguir delinquiendo, señoras y señores… ¿Dónde voy a conseguir chamba si a uno le quitan los documentos, ah?  Además, nadie quiere darle chamba a un exconvicto…

-¡Ya, compadrito, deja trabajar y no  molestes a los pasajeros, por favor! – le advirtió el chofer mirándolo por el espejo retrovisor.

-¿Qué te pasa, conchatumadre? ¿No ves que estoy trabajando aquí a la gente? ¿O quieres que te ponga y me lleve tu sencillo, ah? – el hombre, que tenía más o menos unos treinta años, vestía unos harapos inmundos y estaba notablemente drogado y alcoholizado y se sostenía con dificultad de los pasamanos – ¿No digo? ¡Ustedes mismos me obligan a delinquir!… ¡Porque sino me quieren colaborar yo mismo me sirvo y punto, carajo!… – ¡Lo que está pa’ mí es pa’ mí!… ¿Ya? ¡Veo…, veo…, veo una cadena de oro!…, ¡Veo…, veo…, veo un reloj y una medallita!… ¡T’a buena la sortija de la chiquita! ¿Ah?… ¡Y ya te chequié los Rayban, chiquillo!…

-Tenga, joven, para que se compre algo de comer… – interrumpió una señora entregándole un billete doblado en cuatro.

-¡Gracias, tía, que Dios te lo pague! – y así fue avanzando de asiento en asiento arrastrando un pie cubierto por un mugriento vendaje.

-¡Tome, señor!

-Aquí tiene, joven…

-Muchas gracias por su comprensión, señorita…

-Toma, cuñado, come algo y no te lo gastes todo en pasta…

-Mira, causita, ni a mi peor enemigo le deseo esta angustia… Pero eso sí te digo, patita, que aquí nadie está libre porque todos empezamos como si fuera gracia…  ¿O tú qué te crees?… Yo antes también tenía mi chamba en textil el Ucayali y leía mi Biblia como la señorita… – dijo dirigiéndose a Marita que trataba de concentrarse en la lectura para no tener que mirarlo-  Pero por culpa del maldito vicio me metieron en Lurigancho…

-¡Toma, compadre! – lo interrumpió Lalo alcanzándole unas monedas.

 

Después de meterse la plata en un bolsillo el hombre se arrojó por la puerta trasera para treparse en otro microbús que se había detenido al costado.

 

-¿Así quieres terminar? – preguntó Marita volviendo a sentarse junto a Lalo.

-¡Tu sigue leyendo tu Biblia nomás, oye!…

-Te quiero mucho, Lalito y no quisiera verte destruido como ese pobre hombre… Dentro de poco tendrás treinta años y todavía te crees de dieciocho… ¡Por favor Lalito, cambia!

-…

Potón era más chato que yo… (*)

(*) Extracto de la Novela “Paraíso de los Suicidas”

                                                   

 

… Y tiraba para gordito.  Desde que tenía nueve años le crece una sombra de barba que le llegaba hasta el pecho.  La chapa se la pusieron en el colegio porque el desgraciado tenía tanto pelo por todo el cuerpo que alguien dijo que tenía que comprarse un short de educación física dos tallas más grandes.  Para colmo era vanidoso y a cada rato sacaba un trinche para levantarse un tupido afro que usaba desde primero de media.  Su pasatiempo favorito era pasar mostacillas por horas con la música a todo volumen. El muy cabrito tenía los brazos llenos de pulseritas y con orgullo se colgaba en el cuello sus mejores trabajos.  Algunos lo jodían por andar tan acicalado pero a mí me llegaba, porque el Potón tenía buena onda y no se hacía paltas por nada  ¡Ah!… ¡Mi pata del alma!… ¡Todavía me parece escuchar su silbido provocador desde mi ventana!…

                       

-El sol está buenísimo… Ojalá hoy no se llene la playa, compadre… Una calentadita y te juego paletas – me dijo exprimiendo la última gota de Rayito de Sol que nos quedaba en el tubo.

-Esta playa se está maleando, huevón.  Con razón que la gente se está yendo para el  sur. Aquí en la Costa Verde se están quedando los misios…

-No digas eso que me palteas, compadre… Todavía queda buena gente.

-Lo que importa es lo que traen en la cartera.  Ahora la voz es quitarse para El Silencio, cuñao.

-¡Los culitos que debe haber por allá!…

-Pero sin una caña estamos cagados, huevón.

-¡Conchasumadre! Si mi viejo me soltara el carro estaríamos mandándonos hasta allá los fines de semana, cojudo…

-¿Quieres que te den el carro los sábados? Con lo malogrado que eres será para que te saques la mierda, huevón.

-¿Tú que hablas, peperaso? ¿Ya te olvidaste de quién fue la idea de meterse a correr tabla en tres jarabes y doce Optalidones? ¡Por tu culpa se nos fue la única tabla que teníamos, maricón!

-¡Casi me ahogo, huevón!… Además, esa nota me duró como tres días y todos se dieron cuenta en mi casa.

-Sí, claro. Pero al día siguiente estabas pidiendo que me saque las Lexotán de mi viejo ¿Ya no te acuerdas, huevón? ¿Y cuando te choreaste las Mandrax del cuarto de  mi tía y me echaron la culpa?

-¡Ya!… ¡Ya!… ¡Córtala, compadre!  ¿Para eso fumas?… ¡Pastelero de mierda!

-¡Mira quién habla! Yo no vivo a la vuelta del Fuerte Apache, cojudo… Vas a ver que ni bien lleguemos arriba me vas a batir un mixto en el malecón…

-¡Qué bueno sería poder irse a fumar a otra parte!… Si tuviera mi cañita bajaríamos otra vez a la playa bañaditos a fumarnos un burraso viendo el sunset…

-¡Sí, huevón!

-Y cada vez que nos pare la policía poder mandarlos a la mierda…

-¡No, huevón! Mejor que eso. Les refriego en la cara la tarjeta del general que mi viejo me dio para las emergencias. Una llamadita del General y se van a afeitar auquénidos a la puna…

-¡Sí, compadre! 

-¡Lo que es tener billete! ¿No cojudo?

-¡Lo que es ser hijo de militar!

-Pero yo ni cagando sería milico.    

-Pero la pasan bien, huevón.

-Conozco un huevo de patas que están allí sólo para mantener el vicio.

-¡Igualito pasa con los tombos, compadre! Un huevón con uniforme te allana igualito que un choro.

-A mí me llega al pincho que me den órdenes…

-Sí, compadre. No entiendo esa huevada de hacer los caprichos de un cojudo porque tiene galones…  

-A mí nada que ver con los uniformes… Prefiero ser pobre, cuñao.

-Por eso quiero hacer billete lo más rápido posible, compadre.  Para retirarme forradazo a los treinta y cinco años…

-¡La voz es jubilarse máximo a los cuarenta!  Con un par de casotas y un hembrón que me cache todo el día…

-¿Y no quieres tener calatos?

-¡Claro! Pero un par de mujercitas porque si son machos segurito salen a mí y me dejan vacío el botiquín.

-Yo quiero una parejita para tenerlos bien vestiditos con sus zapatillitas Nike y sus Oshkosh.

-Es importante escoger bien a la hembrita con la que te vas a casar, cuñadito… No sólo tiene que estar buenaza, también tiene que ser una buena ama de casa… Nosotros, huevón, somos caso perdido… Nuestros hijos tienen que salir a sus madres…

-¡Sí, compadre!

-Tienen que ser blanquitas…

-¿No dicen que carne blanca aunque sea de hombre?

-¡Eso dirá tu viejo, cojudo!

-¡No te juegues así, huevón!

-Yo me tengo que casar con alguien que tenga billete.  En eso le doy toda la razón a mi vieja, huevón…

-Jamás me alucino casado con una chola.

-Claro, pues.  Se sobreentiende que tenemos que ir mejorando la raza ¿no?… ¡Qué horrible sería tener un calato trinchudo y con un culo morado impresentable!

-¡Yo lo mato!… ¡Si me sale así por mi madrecita que lo ahogo, carajo!

-No lo firmas y se acabó, cuñao.

-Además, la cosa es que tu hembrita esté bien rica para que se ponga su tanguita chiquitita y jamonearse con ella  por la orilla para sacarle pica a todo el mundo…

-¡Por supuesto, compadre!

-¿Cómo alucinas a tu hembrita?

-¡Puta madre! Altita, respingadita, de pelo clarito pero no muy gringa, ¿ah?… Las muy gringas me llegan al pincho, cuñado. No me gustan las cagaleche.

-¡Aj! A mí tampoco, cojudo. Se les notan bien feo las venas de las tetas.

-De hecho que tenemos que levantarlas en otro barrio, huevón.

-Mínimo del otro lado de la Brasil o por Javier Prado. Allá casi no hay cholos, cuñao.  Y, si los hay, ya no se les nota tanto el mote.

-Como a tu vieja…

-¿Qué té pasa, conchatumadre? ¡Con mi vieja no te metas, huevón!           

-No te acomplejes, compadre… Es una broma. Tienes razón en preocuparte por el billete porque a nosotros todavía nos a va a tomar un tiempito poder hacerlo.

-¿Ves? ¡Eso es lo más importante! Los viejos de tu hembrita deben de tener billete sino  no vale la pena, cojudo.  Con un suegro bien forrado te paras rapidito. 

-Alucina que te monte un negocio…

-¡Claro!

-Alucina que te ponga a vender carros importados. BMWs, Ferraris, Maserattis…

-Con un taller de la conchasumadre al lado…

-…Y llegar todos los días en resaquita a las once de la mañana a carajear un rato a  tus cholos y de un sólo queco levantarte a la secretaria, que está que se caga por ti, llevártela a almorzar al Costa Verde y después de tirártela, regresas a chambear un par horitas, nomás…

-¡Qué paja, compadre!

-¡Riquísimo, huevón! ¡Ah! Eso sí.  Con tu falso en el bolsillo…

-¡Y de la mejor calidad pues, compadre!…

-Ni bien te levantas, te metes un burraso de colombiana y un par de rayas en bandeja de plata.

-¡Puta!  ¡Ya quiero tener esa edad!

-¡Shhh!… ¡No grites, imbécil!…  Las hembritas no tienen que enterarse de nada pues, huevón… Se supone que tenemos billete…  ¡Se nos caga el plan pues, cojudo!

-¡Ya sé, huevón!

-Eso dices pero siempre la cagas, compadre…

-¿De qué me echas la culpa ahora, huevón?

-¿No te das cuenta que ya pareces maricón con tus collarcitos, compadre? ¿Quieres que te confundan con un jipeado de la avenida Larco? ¿Ah? Lo peor es que me cagas a mí también, compadre. En esa nota nunca vamos  a conseguir una hembrita que valga la pena…

-¡Puta que eres un malagradecido de mierda, huevonaso! ¿Ya te olvidaste que yo soy el que consigue  las hembritas?  ¿Ah? ¡Huevón! 

-No es eso, Potón.  Lo que digo es que es momento de cambiar. Hay  que planificar. Empezar a abrirnos camino para alcanzar una meta, huevón…

-¡Puta, cuñao! ¡Ya estás igualito a tu vieja!…

-¡Es que es verdad, Potón!… Tanto pacharaquerío termina cagándote… Imagínate, cojudo, acabar casado con una pacha y tener que chambear el resto de tu vida para mantenerla.

-¡No, por favor! ¡Qué horrible!

-Te has fijado que en las reuniones algunos patas te dicen todos chupados: “…te presento a mi señora…” ¡Y es un guanaco, compadre! Y al toque te preguntas, ¿qué hace este tipo tan bien plantado con un adefesio? ¡Debe ser un castigo de Dios por andar pacharaqueando, cojudo!.

-¡Qué miedo! ¡No sigas, compadre!…

-¡Y yo tengo un jale increíble para esas huevonas!… 

-¡No te sales tú solito, huevón!… ¡Mejor cállate y tomemos sol un ratito…

 

            -Yo le dije a Eunice que invitara a ese chico…

            -Ojalá que vaya con esa camisa roja que le queda… ¡Hmmm!…

            -“Ustedes no nos hagan nada y nosotros tampoco les haremos nada”…,     

            gritó un chibolo huevón y al toque les caímos encima y les desmantelamos

            el campamento…

            -¡Glacial, helados! ¡Glacial, helados!…

            -¡Papa rellena!…  ¡Papa rellena, joven!…

            -¿Señora, señora? ¿Está bien helada la Inca Cola?…

            -¡Calla pacharaco!  ¡Ya me contaron que anoche te vieron comiéndote un

            lomo saltado en la chingana de Punta Hermosa con la cojuda que salió

            calata en Equus!

            -¿Y tú, picón? ¡Anda chorearle plata a tu viejo y no jodas!

            -¡Sánguches de pollo! ¡Sánguches de pollo con su mayonesa!

            -¡Barquillo, barquillo! ¡Barquillo, señorita!

            -¡Qué tal ola, cuñado!

            -¡Puta, compadre, mira cómo el mar se  lleva las cosas de las hembritas!

            -¡Conchasumadre!  Con esos culitos yo al toque las ayudo…

            -¡Allí viene otra!

            -¡Que tal olón cuñadito!

            -¡Mirella! ¡Mirella!… Flaquito, por favor no seas malito pásale la voz a esa

            chica…

            -(ALTAVOZ) ¡Inca Cola, la bebida de sabor nacional da la hora en todo el

            Perú!…

            -¿Sabes de lo que me he dado cuenta, compadre?

            -¿De qué tu vieja es hombre?

            -¡No huevón! ¡De que los patas miran a los patas! ¿Por qué será, ah?

            -Puta, qué maricón este conchesumadre…

            -¡Puta, qué tal culo, compadre!

            -¡Qué abusiva!

            -¡Chicles, cigarrillos! ¡Cigarrillos, cigarrillos!

            -¡A mi izquierda, a mi izquierda!… ¡Miren cómo ese negro se echa el

            bronceador en los talones!…

            -¡Marcianos, marcianos! ¡Marcianos de pura fruta casero, si no le gusta, no      

            me lo paga!

            -¡Bola! ¡Bola, flaquita! ¡Pásame por favor la bolita!

            -¡Sorry!

            -¡Cerveza helada! ¡Cerveza helada! ¡Cerveza helada, señorita!

            -¡Helados Donofrio, helados!

            -¡Pellejito de chancho, caballero! ¡Directo de La Habana llegó el pellejito de   

            chancho! ¡Pruebe el verdadero sabor cubano!

            -¿Flaquita, me pueden cuidar un ratito las cosas?

            -¡Mierda! ¿Qué apesta?

            -Agua de zanahoria con rábano…

            -¡Juega, pues idiota!

            -La próxima no te la devuelvo, ¿ah?

            -¡Loco, una pitada!

            -(ALTAVOZ) Recuerde que los niños se entretienen removiendo la arena…

 

-¡Vámonos al agua, compadre!

-¡Sí, compadre! ¡Ya me cansé de escuchar huevadas!

 

Partimos la carrera hasta el mar pisando las toallas de todo el mundo y nos montamos en las olas.

 

-¡De puta madre, compadre!

-¡Esta es la felicidad!

-¡Toda mi vida quisiera vivir cerca del mar!

-¡Yo también!

-¿Un partidito de paletas? – propuso al rato Potón cansado de tragar arena.

-¡Se  impone, compadre! Voy a secarme las manos…

-¡Betto!… ¡Potón! … – escuchamos unas voces desde el Pavotito.

-¡Es el Sobaco!…

-¡Qué lecheros!  ¡Llegaron los tiros, compadre!

-¡No jodas, Betto! ¡Hemos venido a hacer deporte y no a juerguearnos!

-No seas estúpido, Potón, sólo saludamos y regresamos a seguir jugando…

 

En una mesa cerca de la baranda,  el Sobaco y los mellizos de San Felipe se tomaban unas chelas y nosotros, chorreando agua con arena, agarramos un par de sillas y nos unimos al grupo. Uno de los mellizos se cubría la cara con su pañuelo.

 

-¿Qué te pasa, compadrito? – le pregunté preocupado.

-¡La muela! – con las justas le entendí al huevón.

-¡Qué rico! En un ratito me doy una zambullida – interrumpió el Sobaco al vernos empapaditos y con la intención de cambiar de tema.

-¡Te vas a cagar, compadre! ¡El sol te va a inflamar el cachete! – insistió Potón.

-¡No me lo psicoseen al hombre, pues!…  Que estamos de boleto desde las seis de la tarde de ayer… Ahorita nomás se le ha hinchado la cara…

-¡Mierda! Ya les vi toda la pinta de la amanecida.

-¿Qué?… ¿Se nota? – preguntó el cínico del Sobaco.

-En el sobaco, compadre… – intervino el Potón, virulento, tapándose la nariz.

-Payaso eres, ¿no?, conchatumadre…

-No te piques, Sobaquín…

-Hemos venido por un rato, nomás – lo interrumpió el otro mellizo- Es que tengo yerbita para vender – agregó bajando la voz.

-¡Para variar! Ya me preguntaba qué hace tanto murciélago en la playa ¿Y de  cuánto tienes? – se interesó el Potón.

-¡Lo que tú quieras, compadre! – contestó el otro detrás de su pañuelo.

-¿Compramos una luca a medias?

-¡Puta madre, Potón! ¿No te dije que dejé mi plata en la casa?

-Arriba me pagas o me la quedo toda… – me contestó  tomándose un vaso lleno al hilo.

-¡Guarda! ¡Guarda, chibolo! ¿Por qué discuten esas huevadas aquí? ¿Quieren que nos caiga encima la mancada?  Y si tienes sed, cómprate tu cerveza y no seas gorrero pues, Potón – dijo Sobaco arrojando el concho de cerveza violentamente al tablado. 

-¡Cómo te acaloras, Sobaquín!

-No le hagas caso y sírvete otro, huevón – invitó el otro mellizo – Lo que pasa es que este cojudo no tiene buenos modales porque en su familia siempre han estado de guardia… ¡Nadie ha tenido tiempo para enseñarle algo a esta bestia! – sirvió otro vaso hasta el tope y se lo alcanzó al Potón.

-Gracias, compadrito.

-¿Ya ves? ¡Por las huevas me has hecho pasarles la voz a estos misios de mierda! – continuó renegando Sobaco.

-No jodas, Sobaco… Tú sabes que nosotros somos buenos compras… Por las huevas te arrebatas, ¿no compadre?

-¡Me llega al pincho que te mandes así sabiendo que cualquiera puede ser un sapo!- dijo clavándole una mirada maldita a un par de adolescentes que al toque se cambiaron de mesa-  ¡Puta, chiquillos, ustedes parecen nuevos!

-¿Te pones así por un vasito de cerveza?

-Es que no hay efectivo y estamos en recurso, compadrito… ¡Entiende!… Con las justas hemos hecho la última chancha para comprar unas cervezas y con concha te secas mi vaso.

-Así es, cufuñafaditos, queremos recursearnos para unos cevichongos…

-¡Necesitamos un levante, pues! – volvió a interrumpir el Sobaco que ahora me guiña  el ojo y se me acerca – Por si acaso, todavía me quedan algunos mogras para la ventana.  Si alguien quiere avísame pero solapa pues, carajo. 

-Voy por el billete, mellizo… Acompáñame, Betto -me dijo el Potón haciéndose el misterioso y se bebió todito lo que le sirvió el mellizo al hilo.

-¡Les compramos y nos abrimos, cojudo! Esta gente está con roche, Betto… Si los rayas les caen encima nos jodemos por pateros.

-¡No seas cabro, Potón! ¿Qué nos va a pasar? Vamos a tomarnos unas chelas con ellos porque el Sobaco ya quiere dispararse unos tiritos.

-¡Si tú quieres, quédate!… Ese Sobaco es un salado ¿Ya te olvidaste que nos metieron presos la última vez que le compramos vaina?

-Nos agarraron porque te pusiste demás, cojudo.

-Cómo sea, Betto. Yo les compro y me quito.

-¡Un par de chelas nomás, pues!

-¿Tienes plata, huevón?… Si al Sobaco no le compras un quete no te va soltar ni un vasito de cerveza y menos un tiro  ¿No estás viendo cómo se araña el cojudo?

-Eso será contigo, huevón.

-No sé, compadre, pero yo no quiero coquearme. Ni cagando me voy a comer otra cana por las huevas.

-Entonces anda y compra tu marihuana solo, huevón ¿Para qué voy a ir yo?

-Entonces, espérame, que ya regreso.

 

Cuando cayeron las primeras sombras quedaban apenas tres grupos aislados y una que otra pareja de arrechos se hacían los dormidos aguardando la noche. Terminamos el último partidito de paletas y fuimos a darnos un chapuzón antes que oscureciera por completo.  

 

-¡Esta es la mejor hora para bañarse, compadre!

-El agua está tibiecita  y nadie está meando a tu costado…

-Mañana somos los primeros tirando dedo en la bajada de Productores.

-Ni cagando vengo por aquí en domingo, cuñado. Prefiero quedarme en mi casa viendo tele.

-Puta, me había olvidado, compadre. Domingo es día del pueblo y la playita se transforma en el Parque de Las Leyendas.

-¡Pura llama, hermano!

-Lo peor es que no se puede jugar paletas; la orilla se llena de chiquillos cagones que se la pasan llevando y trayendo agüita y los guanacos en la parte de atrás siempre organizan su campeonato interprovincial.

-¡Y vale todo, compadre!  Porque los mates van con todo y paleta a  la cara.

-¡Ni tomar sol se puede, huevón! Se ponen a jugar fulbito encima de uno con una pelota que ya parece globo… Pero nunca te dan, ¿ah? Esa gente domina su bola a pezuñazo limpio…

-Pero igual te tienen noico y te llenan de arena, huevón.  Además, con tanto choro no puedes separarte de tus cosas ni para pedirle fósforos a la hembrita de al lado, compadre…

-No te olvides de los ollones de comida que te cagan el ambiente, cuñao. Ni comparación con el olor a aceitito de coco de las hembritas los días de semana.

-Los domingos la voz es irse a la Herradura…

-¡Ni eso, cojudo!… Toda la masa chorrillana baja con derecho, huevón…

-Pero esa gente no se chanta hasta el fondo…

-Ah, bueno. Hasta Las Gaviotas no entran porque allí siempre hay una impenetrable barrera de desprecio que no se atreven a cruzar…

-Sí, pero  ese espacio es cada vez más reducido, compadre…

-Todo el mundo se quita para el Sur los domingos…

-Por eso te digo que ahora la voz es el Sur pues, cojudo…

-La costa Verde se ha ido a la mierda… Los coliformes salen a la orilla a tomar sol y hasta se secan las patas con tu toalla…

-Me acuerdo que un domingo por la tarde bajé a tomar unas chelas con un pata ¿y sabes a quienes vimos desde lejos?

-No. ¿A quiénes?

-¡Al Alan y al chino Coco, huevón! Estaban haciéndole el punto a un par de pacharacones…

-¿El Alan? No jodas, huevón… ¿Y quién es el chino Coco?…

-Es un cholo gordito con el pelo quemado que baja de Barranco. Las hembritas prefieren decirle “chino” para no admitir que paran con cholos… Es el típico playero que se gana a la gente  porque tira paletas nomás…

-¿Y qué hacían con esas pachas?…

-Paseaban  por la orilla con su pacharaca de la mano…

-¿Estarían borrachazos?

-No sé. Pero al otro día le pregunté al chino Coco dónde estuvo el domingo y el palero me dijo que se había quitado al Silencio con unas hembritas de Valle Hermoso… ¡Imagínate, huevón!…  ¿Venir a pituquearse conmigo? ¿Quién se habrá creído el Cahuide ese?…

-¡Que se vaya a huevear a las hembritas y no joda!

-¡Y vive en un callejón, compadre!

-No importa. Cuando se enteren que es un misio ninguna le vuelve a hablar… Ya vas a ver…

-Espérate que termine el verano nomás y se lo encuentren en Larco con su ropa huachafaza de invierno. Sin su ropa de baño choreada de Chicama.  Lateando, porque se compró un salchipapas con la plata del pasaje…

-¡Claro! Y los cholos se ponen amarillos en invierno, compadre.  De hecho que le tiran perro…

-Si el huevón es de los insistentes, hasta se gana su quechi en la ceja…

-¡Las hembritas son unas mierdas, compadre!

-¡Sí, huevón!

-¡Ya me cago de frío, compadre!

-Yo también, cojudo. Mejor vamos saliendo…

 

Emprendimos la marcha y cerca de uno de los chorros notamos que cuatro pájaros fruteros agarraban a golpes a una chiquilla semidesnuda, que forcejeaba  tratando de liberarse.  El Potón les metió un sonoro carajo pero los chiquillos siguieron como si nada  ¿Qué cosa? Eso sí que nos llegó al pincho. Así que empezamos a tirarles  piedritas para asustarlos.  Pero los pirañitas de mierda  agarraron unos rocones y nos bombardearon. Estuvimos un rato intercambiando proyectiles hasta que los arbustos engulleron a los mataperros.  La chiquilla se acomodó la ropa en silencio, recogió su mochila vacía y aún sollozando continuó subiendo y desapareció también en la negrura. 

 

-¿Puedes creer eso, cuñao?

-¿Crees que arriba no habrá otros conchasumadres que se quieran brincar a la cholita?

-Esa llega a su casa violada por lo menos tres veces al día…

-¡Hay que apurarnos, huevón! No vaya ser que a nosotros también nos cuadren.

-¡No seas chivato! ¿Quién nos va a asaltar a nosotros?

-Cualquiera, compadre, cualquiera…

-¿No estás viendo cómo se corren los chiquillos?

-¡Nos respondieron, cojudo!…

-¡A los chiquillos se les reduce al toque!… ¿O tienes miedo que tres pirañitas te rompan el culo? ¿Ah? ¡Rosquete!

-¡Ya te quiero ver con los chiquillos que me encontré la otra vez!

-¡T’as huevón! ¡A mí ningún chiquillo me neutraliza!…

-¡No tienes una puta idea, compadre!… Era una mancha de pirañitas, que apestando a pichi y todo, nos apuntaron con sus hondas directo en el ojo… “¿Dónde está la merca, carajo?… ¡Saquen la merca, mierdas!…”, gritaban igualito que los rayas y nos rebuscaron toditito el carro, carajo.

-¿Cuándo fue eso?

-¡Ya te conté, huevón! Fue la misma noche que nos mandamos con Polo y Morales hasta Renovación.

-¿Cuándo has estado en Renovación, mentiroso?

-Fue cuando la mamá del Polo, vieja conchasumadre de mierda, nos tiró a la calle en pleno toque de queda.

-Pero nunca me contaste que se habían ido hasta Renova…

-¡Puta madre! Ya eran como las ocho de la noche, compadre, y Polo se robó la camioneta de su mamá para ir a computar más a Renovación. 

-¿Y por qué se fueron hasta allá?

-Porque el Polo se pone cargoso, compadre… Insistió en que conocía a una tía que le vendía peso, además, nos dijo que el sitio era tranquilazo y atracamos… Ni bien llegamos se estacionó a mitad de una calle oscura y se bajó solito el huevonaso. “Ya vengo…”, nos dijo como si se metiera a la casa de su hembrita…

-¡Recontra armado ese conchesumadre!

-¡Sí, compadre!… Ya se estaba demorando un culo cuando unos pirañas abrieron las puertas de la camioneta  de un patadón.

-¡No me habías contado eso, cojudo! ¿Qué hicieron?

-¡Ni mierda! Nos quedamos fríos mirando cómo rebuscaban el carro igual que la policía…  Pero justo llegó el Polo y arrancó en primera. Entonces aprovechamos que los chiquillos se paltearon y los bajamos de la camioneta a puntazos.  Algunos se tiraban solitos a la pista y se sacaban la mierda…  Más tarde tuve que arrastrarme por la avenida Brasil, tipo ranger, para llegar a mi casa… ¡Puta madre!  ¡La noica me duró varios días, huevón!

-¡Una mierda esa vieja para hacerles eso!

-Es que el angustiado del Polo se escapó con toque de queda a seguir fumando y nos dejó solitos… Y cuando su mamá nos preguntó por él nos mandó a la calle de puro asada.

-¡Han podido morir, compadrito! Esos cachacos están que se cagan por disparar una bala, huevón…

-La cojuda nos dio un par de fundas de almohada para que las usemos como banderas blancas y todavía la maldita nos dijo que tengamos cuidado y nos tiró la puerta en el culo.

-¡Si hasta con salvoconducto te queman, compadre! ¿No escuchas los balazos todas las noches, cojudo?¿O crees que son tiros al aire nomás? ¡Una mierda esa vieja!… ¡Los han podido matar, Potón!

-O dejarnos tuertos, compadre…

-¡Pero qué huevones para mandarse hasta Renova de noche!

-¿Huevones? Avesados dirás… Cualquiera no va a esas horas, compadre…

-¡A mí no me vas a decir cómo es eso, cojudaso! ¡Yo he estado un culo de veces en el mismo llonja y a pata, huevón!…

-¡Ah, chucha!  ¡Me maleteas al toque! ¿Cuándo has ido tú a Renova, palero?

-¡Huevón!… He ido de madrugada, con toque de queda y hasta en patrullero. Me acuerdo una vez que me tiré la pera con el gordo Pachón y, lateando nomás, llegamos hasta La Victoria… Y por las puras huevas se nos ocurrió ir a computar pay a Renovación… Ni siquiera habíamos fumado, ni teníamos ganas…

-¿Y como qué hora era más o menos?

-Serían las tres y media o cuatro de la tarde.

-¡Ah!…  ¡De día, nomás! A esa hora es tranquilito…

-¿Tranquilito, huevón? Renova no es tranquilito a ninguna hora y menos a pie. Desde el cine Odeón ya te están cuadrando los pasteleros. El Pachón me dijo todo canchero que no empelote a nadie… Que no hay que empelotar a los paseros porque te delatas de huevón…  Que hay que caminar tranquilo, con seguridad, como si conocieras a la tía del llonja… Pero la verdad es que ya teníamos encima más de ocho angustiados preguntándonos “… cuánto, cuánto, cuánto…” Pero nos metimos de frente al callejón sin contestarles ni mierda. Pero en la puerta, compadre, nos cruzamos con un negro cojo con una mirada asesina que casi nos hace dudar. Pero el Pachón me dijo al toque: “Tú sígueme, nomás, cuñadito…” Y desde el fondo una negra gorda, con una tina llena de quetes, nos gritó con voz de corneta vieja: “Con uniforme no, ¿ah?…  ¡Con uniforme nadie me entra al callejón!”…

-¡No jodas! ¿Y cómo cuántos pacos tendría la negra?

-Tenía un culo de ferros rebalsándose en una tina de plástico… “¡No me maleen el callejón, pues!… ¡Escolares, no!… ¡Escolares no!… ¡Váyanse, oye!…”, seguía la negra conchesumadre y el cojo aprovechó el pánico para acercarse todo ayayero. Pero nosotros igualito nos seguimos de largo…

-¡Conchasumadre! ¿Y entonces?

-Con el griterío empezaron a abrirse todas las puertas de los jatos… ¡Puta madre, Potón! Todos eran fumaderos, compadre… Igualito que en la película el Regreso de los Muertos Vivientes número dos… Con efectos de humo y todo… Alucina que en un cuarto había un montón de negros tirados en la tierra con una negra… El pajero del Pachón se quedó  mirando hasta que le metieron un cuadre por sapo… Pero él como si las huevas, ¿ah?…

-Es que ese huevón es grandote.

-Entonces, salió la tía Pini y nos salvó la vida, huevón…

-¿La conocías?

-No, todavía…  Pero la negra sacó la cara por mí, Potón. “¿Qué mierda te pasa con mi gente, carajo?…”  Y en sayonaras y minifalda se le cuadró toda achoradasa a la otra tía.  Y me dijo: “Pasa nomás, sobrino… No le hagas caso a esa chancha de mierda…” y nos metió a su cuarto. “Ya te voy a ver llorando cuando te caigan los rayas por chibolera,  so puta de mierda…”, le gritó piconaza la gorda con esa voz de corneta.

-“¡Calla, chancha de mierda, ya quisieras ser chuchumeca!…”, al toque le contestó la negra Pini que  - de paso – tenía buenas patas…

-¡Mierda! ¿Y la gente qué decía?

-¡Nada, compadre! Era un asunto entre las tías y los fumones no se meten porque salen perdiendo.  Compadre, el que menos estaba fumando o vendiendo. Los chiquillos harapientos fumaban pasta delante de sus viejas. Eso te impresiona, huevón… Pero me hice el cojudo, nomás…

-¡Seguro que esos fueron los que quisieron cuadrarnos!…

-Puede ser, compadre… Esos chibolos son maleadazos…  

-Esos no llegan a grandes…

-Llegan… Pero hasta las huevas… 

-¿Y cómo salieron del llonja?

-Estaba que me cagaba de miedo.  Pero la tía Pini nos mandó con un par de sobrinos que estaban fumando atrás en su corral y nos fuimos escoltados por un par de  negrazos hasta la Manco Cápac, Potón…

-¡Puta, pero qué lecheros!

-¡Lecherazos!  Pero el cojo de la puerta nos movió una ceja y de hecho se la está guardando para la próxima.

-Renovación es alucinante, compadre,  y eso que yo no llegué hasta el mismo llonja…

-Puta. Allá sí que no vuelvo, Potón…

 

Casi llegando a Armendáriz, nos pasaron la voz a gritos de un Volkswagen amarillo. Al toque reconocimos al antipático del Sobaco y nos trepamos al carro felices de la vida ¡Qué suerte!

 

-¡Ustedes sí que son playeros!

-¡Puta, chibolos! ¿Van a ser las ocho y recién están subiendo?

-¿Y ustedes se fueron de largo?

-Nos quedamos chupando en la Herradura, compadre.

-Trepamos unas coquerasas y este conchesumadre las acaba de bajar en el túnel de la Herradura… ¡Eres una mierda, Sobaco!

-¡Putas de mierda, huevón! ¡Que vayan a vivir a la conchesumadre!

-¡Una mierda este huevón!

-¿Quieres quedarte aquí nomás, Potón?

-Tranquilo, Sobaquín…

-¿Y tu hermano, mellizo? No me digas que también lo tiraste en el túnel.

-¡No, huevón!… Está cagado con la muela y tuvimos que dejarlo en la casa, compadre.

-¡No te dije, huevón!

  

Sobaco  estaba borracho y hacía rugir el motor al máximo.  En el asiento delantero el mellizo subió el volumen de la radio y arrancamos hecho un pedo. 

 

           ♫♫ Nobody’s gonna take my car…

                I’m gonna race it to the ground… ♫♫  

 

El velocímetro marcaba ochenta cuando doblamos la curva de Las Cascadas y el Sobaco perdió el control del volante.  

 

            ♫♫ I’m gonna break the speed of sound…

                Oh, it’s a killing machine,

                It’s got everything…♫♫

 

El carro se tambaleó de derecha a izquierda y por algunos segundos, interminables, tuvimos tiempo de pensar de qué lado nos volcaríamos.  

 

              ♫♫ like a driving power

                   Big fat tires and everything…

                   I love it, I need it, I feel it… ♫♫  

 

Nos dimos por lo menos tres vueltas de campana. Sentí clarito cómo el carro rebotaba y sacaba chispas de la pista.  En una de esas perdimos fuerza y el auto se arrastró de costado.  De milagro se detuvo al borde del precipicio… Un milímetro más y caíamos sobre el Costa Verde…

 

                 ♫♫ Yeah, it’s a wild hurricane…

                       All right, hold tight

                       I’m a Highway Star… ♫♫

 

Insistía ileso el conchesumadre de Ian Gillian.

                       

Sobaco perdió el conocimiento.  El mellizo tenía sangre por toda la cara.  La botella de Pomalca se hizo mierda.  Todo el carro apestaba a trago y los quetes de vaina aparecieron regados por todos lados.

 

-¿Potón?… ¿Compadrito?…  ¡Contéstame, Potón!…

-¡Conchesumadre!… Nos cagó este borracho de mierda…

-¿Te puedes mover?¿Crees que tengas algún hueso roto?

-No compadre. Creo que estoy bien…              

-¡Yo también, cojudo!

-¡Sobaco!… ¡Mellizo!

-¡Mellizo!… ¡Sobaco!

-¡Puta, compadre, estos huevones están muertos!

-¡Conchasumadre! ¡Si están muertos viene la policía y nos cagamos, compadre! ¡Mira como está el trago y la coca por todos lados, cojudo!

-¡María Auxiliadora, virgencita linda, tú me has salvado!

-¡Déjate de cojudeces, Potón! ¡Apúrate que nos vamos! 

 

Con una mano me sujeté fuerte de la ventana del copiloto y logré sacar medio cuerpo afuera a pesar que el polvo no me dejaba ver nada. El mellizo empezó a quejarse pero todavía estaba inconsciente.  Me enteré que el Sobaco también estaba vivo cuando tuve que pisarle el hombro y parte del rostro para darme impulso y salir del carro.  Estuve en la pista de un salto. Intenté abrir la puerta con todas mis fuerzas pero no pude.  Así que el Potón tuvo que hacer lo mismo para salir.

 

La bajada estaba desierta. Ni un solo carro había pasado todavía. El viento comenzó a llevarse los quetes volando por la pista. Recogimos rápidamente los que estaban a mano. La luz de un carro aproximándose nos obligó a escapar cerro arriba. Después de varias caídas logramos llegar al malecón Cisneros y desde allí vimos cómo unos patas levantaron el Volkswagen y trataban de abrir las puertas. Las voces de los socorristas llegaban clarito hasta nosotros pero, por suerte, a nadie se le ocurrió relacionarnos con el incidente. Estuvimos por un buen rato como sonámbulos mirando hacia abajo.

 

-¡Un par de tiros! – le propuse al Potón.

-¡Vamos a jalarnos toda la coca que nos entre en la ñata, compadre! ¡Hoy hemos vuelto a nacer, cojudo! ¡Hoy me emborracho hasta morir! – y el huevón se hincó de rodillas, se santiguó y besó el suelo.