(*) Extracto de la novela “Paraíso de los Suicidas”
Se abotonó la chompa, se tapó la boca con la chalina y a tranco firme se abrió paso entre la gente casi sin mirar. Una persistente garúa mantenía húmedas y resbalosas las veredas obligándola a acortar la marcha. Cientos de vendedores ambulantes tendían sus plásticos en el suelo y se preparaban para armar sus puestos.
-¡Yo te abrigo mamacita!…
-¡Están buenas las yucas de mi tía, oe!…
-¡Qué tal papaza!…
-¡Cómo aprieta ese calzoncito!…
-Por atrás, bandida…
Pero ella se hacía la sorda y continuaba su camino por el centro de Lima internándose en aquel mar de comerciantes.
En el Centro, la sinfonía matutina se compone del congestionamiento del tránsito y el rugir de los viejos motores y las bocinas de los ómnibus; de las frenadas que queman llanta y terminan en mentadas de madre; de los impacientes golpes que algunos choferes dan a las carrocerías de sus vehículos y el monótono pregón de los cobradores y los vendedores ambulantes. Densas nubes de smog se internan en cada rincón para confundirse finalmente con el gris del cielo limeño.
La librería de Genoveva queda casi en la esquina de La Colmena con Azángaro. Aunque no ganaba mucho, estaba satisfecha de estar aprendiendo cada día más del negocio. Tenía por lo menos cuatro pretendientes entre los catedráticos que frecuentaban la tienda y esa tarde uno de ellos le estaba enseñando algo novedoso.
-Desgraciadamente, mi querida amiga, no hay buen negocio sin cutra – le decía un chato avispado que enseñaba lógica en San Marcos.
-Yo si que no entro en vainas, ¿ah?… A mí eso de la cutra no me gusta… Así que mejor, quita, quita… – le contestaba toda coqueta acomodándose el sostén por encima de la chompa.
-¿Por qué te me achoras, preciosa?
-Yo no me achoro… Yo hablo como chalaca, pues…
-Mira qué coincidencia yo también soy chalaco…
-¿De qué parte del Callao eres tú, profesor, que no se te nota?
-De Bellavista… ¿Y tu, linda, eres de la Punta?
-Yo soy de Buenos Aires, papito…
-¡Con razón me sacas al fresco al toque!… Ya sé que contigo suave nomás… Lo que te quiero proponer no es cutra de verdad…
-¡Total!…
-Digamos que es una cutra blanca… Lícita, pues. Mira, te invito a almorzar y te lo explico con más detenimiento.
-¿Sí, no? ¡Ya me imaginaba¡… ¡Nada de saliditas, oye!… ¿Qué te has creído? ¿Ah? ¡Quita, quita!… A mí con el truco de la cutra blanca… Eso es una contradicción, por favor. No me vengas, profesor…
-Es un decir, pues flaca…
-¡Cutra blanca… No me hagas reír!… ¿Vas a comprar algo? Porque estoy bien ocupada, ¿ah?
-Esta bien, está bien. Si no tienes hambre… No tienes que salir conmigo… Yo por hacerte un favor nomás…
-¿Favor?… ¡Ganancia, será!…
-¡Has dado en el clavo!… Se trata de un acuerdo entre dos partes para incrementar la productividad… ¡Totalmente lícito!
-Aguanta el carro, profe. Explícame ese sancochado que no te entiendo ni michi… ¿O crees que me vas a impresionar como a tus alumnas?
-¡Por favor, Genoveva!… ¡Jamás haría eso!… Saca tu cuenta nomás cómo sería si te mando ciento cincuenta alumnos para que te compren el mismo libro… ¿No crees que es buen negocio?… Ahora acuérdate que enseño en varias universidades y en dos turnos… Si no he hecho mal el cálculo, creo que tengo como mil doscientos alumnos en total… ¿Buen numerito, no?
-¿Y aún así necesitas recursearte?
-En el Perú el crimen sí paga, linda. Pero la cultura no…
-¡Que feo que suena eso, profesor!… ¿Y cuál es el libro?¿Lo tengo yo? ¿Es de texto o de consulta?
-¡Ya sabía!… ¡Ya sabía!…¡Siempre caen!…
-¿Ah, sí?… ¡Fuera!… ¡Lárgate de mi negocio ahora mismo, enano sinvergüenza!
-¿Pero por qué te me achoras otra vez, preciosa?
-¡Ya te dije que así hablo yo!… ¿Crees que estás jugando conmigo, ah?… A mí me gustan las cosas claras y de frente… ¿Cuál es el libro, pues?
-A ver… ¿Por qué no podemos conversar tranquilos en un restaurante?… Te invito a comer algo que te guste…
-¿Ah, sí? … ¡Qué vivo!, … ¿No?… ¡Vete de mi tienda que no necesito vender tus libros!…
-Son mas de mil… Eso sin contar un par de cursitos más que tengo por ahí con sus respectivos textos…
-¡Esta bien, está bien!… ¡Pero que quede claro que es sólo un almuerzo de negocios!
-¡Claro que se trata estrictamente de negocios, Genoveva! Todo lo que hacemos en esta vida sólo son transacciones…
-¿Y qué ganas tú, profesor?
-Con una relación estrictamente de negocios…
-¡Estrictamente!
-… Con un diez por ciento me conformo…
-¡Trato hecho! – y con una guiñada de ojos lo derrumbó por completo.
La semana siguiente el repartidor de la distribuidora colocó sobre el mostrador un paquete con su último pedido.
-Doscientos libros de texto… Ciento cincuenta manuales… ¡Hmmm! Ya entiendo…, diez por ciento por aquí, otro más por allá… ¿Qué porcentaje le sacará mi galán a la distribuidora y cuánto le estará pasando el autor?… -, se preguntaba con malicia revisando la factura -Muy bien…, ¿adónde firmo?… – y estampó con cancha una laboriosa rubrica sobre la línea de puntos.
A pesar de la incertidumbre económica del país su negocio por suerte no parecía andar tan mal como otros. Sin embargo, tenía que reconocer que su experiencia como bodeguera era insuficiente para sacar adelante una librería y muchas veces tuvo que pedirle a los clientes que regresaran más tarde porque no podía ubicar el libro que le estaban pidiendo y casi siempre se perdía la venta. A veces, se arrepentía de no haber hecho el traspaso con personal y todo tal como le aconsejó el anterior dueño.
-Mientras estemos empezando no podemos darnos el lujo de pagar empleados… Ya verán cómo trabajando solitas nos vamos para arriba… -, les dijo confiada a sus hijas.
Sin dar su brazo a torcer, aveces se amanecían buceando en ese inmenso mar de libros que ahora eran suyos. Muchos daban la impresión de no haber sido tocados en años. Genoveva, estrenando sus nuevas monturas y el cabello sujeto con un lápiz por detrás de la nuca, se pasaba la mayor parte del día trepada en una escalera o moviéndose entre los estantes tratando de reconocer cada uno de sus textos.
Una noche se tomaba un café piteado a puerta cerrada y con la ayuda de sus hijas - y Lalo – ordenaba unos libros que durante años habían servido para sostener el peso de un tramo del mezanine. La estructura se caía sola de puro apolillada que estaba. En cuestión de minutos, Lalo derrumbó el armatoste por completo con una mano. Mientras retiraba los escombros, tropezó con un pesado cajón de madera que empujaron entre todos para ubicarlo debajo de un foco que pendía de un largo cable desde el techo.
Cuando finalmente lograron abrir el cajón, un fuerte olor a humedad se apoderó del ambiente. Eran más libros. Lalo, que se había amarrado un pañuelo para taparse la boca, se animó a sacar uno con la punta de los dedos.
-Este es un libro de Antropología que se llama… “¿Qué Sucedió en la Historia?… por… por… V. Gordon Childe”… Interesante, ¿ah?… Está recontra viejo pero tiene buena portada.
-Fíjate el año y el lugar en dónde fue impreso – dijo Genoveva puliéndose.
-¡Estás aprendiendo, Genoveva!… – intervino Marita.
-La práctica, hijita, la práctica…
-Escuchen: “Instituto Cubano del Libro. La Habana, 1972 Editorial Ciencias Sociales”…
-Seguro que ese libro estaba fresco cuando lo metieron en la caja… – se le ocurrió a Marita.
-¿Alguien lo quiere… O directo a la basura?
-¡Aj! ¿Quién quiere esa cochinada? – dijo Sandra haciendo un gesto de asco.
-Ni hablar… No lo botes. Sepáramelo para leerlo – dijo Marita.
-¿Qué más hay? – preguntó Genoveva.
-¡Miren éste!… ¡Pero si es ni más ni menos que de César Vallejo!
-¿Cómo se llama? Preguntaron al unísono.
-“Tres obras interesantes: 1.- Rusia 1931 / 2.- Rusia en el segundo Plan Quinquenal/ 3.- Fabla salvaje… Editorial Gráfica Labor. Lima –Perú. 1965, primera edición”. ¡Concha su madre!… ¿Una primera edición debe valer alguito, o no?
-¡Suave con la boca compadre, que aquí todas somos mujeres! – dijo Brenda, la menor, haciéndose la agrandada.
-Perdón, señorita… Fue la emoción.
-Sigue, sigue…, ¿Qué más hay? – dijo interesada Genoveva.
-A ver, a ver… Papel de hilo blanco, amarillito, pero todavía sirve… Miren este libro… Por la encuadernación se nota que es bien antiguo: “La Criminalidad Comparada por G. Tarde, prólogo de Adolfo Posada”… No veo la fecha por ningún lado… Espérense… Madrid, La España Moderna. Teléfono 260”…
-¡Pucha qué moderno, ah! Un teléfono con tres números, imagínense… – dijo Sandra.
-¡Oigan esto! Trae publicidad en la última página: “Revista Ibero Americana. Año V. Cada número forma un grueso volumen de más de doscientas páginas, gran tamaño a dos columnas…”.
-¡Dos columnas como la Biblia!…
-Esperen, falta más: “… Se divide en dos secciones: española y extranjera. La española está escrita por…” Escuchen nomás, que tales nombrecitos: “ … Barrantes, Campoamor, Canovas, Castelar, Echegaray, Galdós, Méndez y Pelayo, Pardo Bazán, Palacio Valdez, Pi y Margall, Thebussem y Valera…”
-¿Y quiénes son esos? – preguntó Brenda aburrida.
-No te equivoques, chiquilla, que algunos son conocidos… Escuchen quiénes escriben para la sección extranjera: ”…Bourguet, Cantú, Coppee, Cherhullez, Daudet…” Atención a estos: “…Dostoievsky, Gladstone, Richepín, Tolstoy, Turguenef y Zola…” ¡Tremenda gente!… ¡Qué hallazgo, señora!… Este sí que debe valer alguito.
-Esa es mi herencia… – se apuntó Marita de inmediato.
-¿Por qué?… ¿Quién dice? – preguntaron en coro sus hermanas.
-Todo lo que está aquí es mío – intervino Génova poniendo orden.
-No puede ser… Oigan esto: “Precio de suscripción pagado por adelantado en España: Seis meses, diecisiete Pesetas; un año, treinta Pesetas. En las demás naciones europeas y americanas y en las posesiones españolas: un año a cuarenta Pesetas…”
-¡No jodas!… ¿Hasta cuándo España tenía posesiones?… ¿De qué año es esta joyita?
-Creo que por aquí viene… A ver, a ver escuchen: “Quedan algunas colecciones de los años 1889, 90, 91 y 92, a treinta Pesetas cada uno…” Mmmm…, según parece este librejo puede ser de 1893…
-A ver pásamelo, por favor. Tienes razón… Este de aquí es todo un hallazgo – dijo Genoveva extendiendo la mano.
-Compruébelo usted misma…
-Este sí que es toda una reliquia y está muy bien conservado el desgraciadito… Chicos, definitivamente este es mío…
-¡Qué tal raza! ¿No se supone que tienen que ser las hijas las que heredan? – reclamó Marita picona.
-Yo no me he muerto todavía para que tú reclames tu herencia… El libro es mío porque yo soy la dueña del negocio y punto…
-Ya pues, no se peleen y estén atentas porque aquí viene el tuyo Marita: “El inocente”…, por Gabriel D’Annunzio. Traducción de Augusto Riera, Barcelona…” ¡Qué rico, Marita, este sí que tiene su fecha y todavía es doble!…
-¿De qué año es?- preguntaron con impaciencia todas.
-…Del año 1900… Y la segunda novela que trae se llama: “Las Vírgenes de las rocas” Este sí es para Marita, ¿no señora?…
-¿Ah, sí? ¡Qué tal raza! ¿Y Por qué va a ser para ella? – reclamaron las hermanas.
-Porque yo digo… Además, ella es la mayor…
-¡Gracias, Mamita! – dijo Marita apretándola con tanta fuerza que la hizo tambalear.
-¡Ya quita oye, no seas melosa! – dijo engriéndose pero fingiendo indiferencia.
-Lo voy a empezar a leer mañana…
-Sí, seguro… – intervinieron las hermanas.
-En serio… ¿D’Annunzio perteneció al Romanticismo?
-No, mi amor, es Realista y Naturalista como Zolá… A mí también me gustaría leerlo.
-¡A la mismísima, señora!
-No te creas, hijo, ¿ah?… Yo también me pongo a revisar los libros cuando no tengo nada que hacer… Mientras no entra la plata por lo menos que entre algo en la cabeza, ¿no?…
-¿Y qué libro estás leyendo ahora? – preguntó Marita curiosa.
-Ninguno… Está recibiendo clases de su profesor particular de Humanidades… – dijo Sandra que tenía ganas de joder.
-¡Déjate de atrevimientos, oye mocosa! – contestó Genoveva poniéndose como un tomate.
-¡No puede ser!
-¿Qué te pasa, oye? ¿Por qué gritas así, ah? – reclamó Genoveva de un brinco.
-¡Pero qué coincidencia!…¡No lo puedo creer!
-¡Habla de una vez!
-Escuchen lo que está escrito, aquí, en taquigrafía -leyó Marita con dificultad-: “Para mi buena…” – arqueó las cejas y repasó en voz baja una serie de monosílabos que le ayudaron a traducir las siguientes palabras – “Constanza de Leveroni, Lima…” – dejó de leer nuevamente para decir - Y aquí viene lo más increíble…
-¡Dilo de una vez, carijo! – reclamó Genoveva impaciente.
-Parece que fue un regalo de cumpleaños… Escuchen la fecha: “15 de junio de 1905…”
-¿Y eso qué tiene que ver?
-¿No se dan cuenta que el quince de junio es mi cumpleaños?… Ahora no me digan que este libro no me estaba esperando a mí.
-Esta noche te va a poseer el alma de Constanza de Leveroni… – dijo Brenda haciéndose el cuco.
-A mí esas cosas no me asustan. Además, considerando la fecha de la dedicatoria, Constanza debe haber sido una poetisa, una mujer liberada e inteligente como yo.
-¿Inteligente, tu?…
Y mientras se paseaba con el libro recibiendo una pifiada general del interior se deslizó un papelito amarillento que Lalo recogió y revisó con interés.
-¡Já!… Ahora miren lo que me encontré – dijo mostrando un panfleto. Escuchen que esto sí es la muerte: “¡A RECIBIR A WALDO FRANK!” La izquierda universitaria, que se concentra en el grupo ‘Vanguardia’, invita a la juventud universitaria y a las masas estudiantiles en general, al homenaje de una recepción al gran artista norteamericano Waldo Frank, que nos trae el mensaje del enorme pueblo del norte…”
-¿Waldo Frank?…
-¿Quién es Waldo Frank?
-Quién fue, dirás… Porque además de zurdo ése ya está bien muerto.
-“… Contrariamente a la visita de mister Hoover, la de Waldo Frank tiene que merecernos las más explosivas muestras de simpatía…”
-¿Mister Hoover?… ¿El que inventó la aspiradora?
-Ya pues, déjense de payasadas…
-“… En el gran poeta de nuestra América, tenemos que ver al precursor de la solidaridad americana, cuya base efectiva es la identidad de aspiraciones de los pueblos latino-americanos, con el pueblo norteamericano. Al que no hay que confundir con la plutocracia de los capitales de la conquista de Wall Street. Pertenece a Waldo Frank, la afirmación que tenemos ‘un enemigo común y una causa común’. Sabemos que el pueblo norteamericano, o más concretamente, el proletariado norteamericano, está a nuestro lado. Y nos interesa saber de ese pueblo, de su ánima multitudinaria de la que Waldo Frank es verbo…”
-…Un verbo con una conjugación bien complicada además… ¿Alguien entendió algo?
-Yo no sé qué diablos han dicho… Y es más, ya me aburrí…
-¿Proletariado norteamericano? Primera vez en mi vida que escucho algo semejante…
-No es por nada pero estos libros están bien comunachos ¿Ah?…
-¿Quieren que siga leyendo? O me lo llevo así, nomás…
-¡Qué gracioso!
-Se acabó el café piteado para Lalo…
-Y para ustedes también… ¿Falta mucho? – agregó Genoveva impaciente.
-No, ya acaba… “… Hasta ahora hemos tenido una imagen falseada de la América del Norte. A esto no poco han contribuido las aprehensiones románticas, que enjuiciando al capitalismo como fenómeno de decadencia pretenden hacernos tomar antihistórica y antimodernistamente a las rutinas exaltadas a título de súper mecanismo…” Pucha, qué fuerte… ¿Me siguen?
-¡Acábala, oye!
-¡Más aburrido tu Waldo Frank!
-Si es muy largo ya no sigas por favor, hijo…
-No señora, aquí termina: ”… Empero, no es cierto que la democracia lincoliana esté continuada por los magnates imperialistas, y que el capitalismo, creación de esa democracia, no porte en su ceno, realizaciones históricas y gérmenes fecundos. A este redescubridor de América que nos visita, se debe la mejor interpretación del Jazz, del cine y la máquina. Al revés de los filósofos asépticos de la decadencia, como Keyserling y Spengler, Frank tiene fe en el porvenir, que será no de las minorías, que ahora contradicen a la generación revolucionaria de la independencia americana, sino de las multitudes templadas en el dinamismo de la urbe de los rascacielos y en el jadeo vertiginoso de las máquinas…”
-¡Ya nos estamos durmiendo!…
-Sólo escuchen cómo acaba, pues: “… A la juventud estudiantil toda el albazo del primer saludo a este poeta filósofo que es de la misma estirpe que Upton Sinclair y John Reed. Que éste llamado de Vanguardia, congregue a todas las capas estudiantiles y que las apreste a escuchar su mensaje.
TODOS AL CAMPO DE ATERRIZAJE DE LA COMPAÑÍA FAUCETT EN EL TERRENO DEL COUNTRY CLUB, EL DOMINGO PRIMERO DE DICIEMBRE A HORAS 5. PM. LIMA, 30 DE NOVIEMBRE 1929.”
“Vanguardia”
-Súper denso para ser sólo un volante, oye…
-¡Pucha!… ¡Por eso pesaba tanto la caja!
-¡Con razón que se cayó del libro!…
-Yo creo que es interesante…
-…Y contradictorio, también…
-Tiene su valor histórico… ¿Ustedes creen que Lalo, como enamorado de Marita, deba heredarlo?- Preguntó Genoveva socarrona.
-¡Sí!… ¡Por favor, mamá, regálaselo!… -, rogaron las chicas en coro.


