(*) Extracto de la novela “Paraíso de los suicidas”
… En pocas horas la Policía de Investigaciones montó una oficina especial en el edificio y en menos de dos semanas entrevistó uno por uno a todos los que trabajábamos allí. Además, como en los últimos días, los medios habían convertido a La Química en un circo, echando por tierra el perfil bajo que sus dueños habían logrado mantener durante décadas, emprendieron una campaña para reflotar su imagen institucional. En un memorando, que llegó a manos de cada uno de nosotros, el gerente de personal nos comunicó que estaba terminantemente prohibido prestar declaraciones a la prensa sin autorización. Si algo había que decir, la compañía lo haría a través de sus voceros oficiales… ¡La cagada!…
-Nadie supo a qué conclusión llegaron, cuñadito, pero desde que se instaló la policía se acabaron por completo las bromas y las especulaciones ¡Ni cojudos, pues! Todo hecho -por insignificante que parezca- debía informarse exclusivamente en las escalofriantes oficinas provisionales. El mínimo comentario, cuñado, era exhaustivamente investigado y la cosa terminaba en un interrogatorio de puta madre donde el portador del chisme corría el riesgo de ser sospechoso… ¡No jodas, pues! Con los rayas metidos allí la mayoría decidimos dedicarnos a nuestros asuntos… Cualquiera, ¿no?… Pero las declaraciones de Betto les jodieron tanto a los ejecutivos de la empresa - ¡Y no va a ser! – que por su culpa toda la semana tuvimos reuniones obligatorias para tratar temas claves como reglamento, ética y manual de funciones del personal ¡Puta, qué espesos!… ¡Qué pérdida de tiempo!… Lo peor, compadrito, es tener que aguantar a Maldita sea mi Piedra más tiempo de lo debido ¡Héctor está insoportable!…
Raúl Cavaza no se enteró de nada hasta que escuchó todo en boca de los demás. Estaba tan agradecido con el gordo que ni siquiera se atrevió a visitarlo. Se moría de vergüenza que hasta en la clínica lo reconozcan como el pobre borracho que merecía la compasión de Renato y gracias al cual se había convertido en un héroe.
-Yo sé que don Machiavellito me comprende, muchachos… De hecho que el gordito no quiere que me aparezca por allá y le haga pasar papelones delante de la familia que, seguramente, son gente tan bien educada cómo él… ¡Porque ese Machiavello es todo un caballerazo, señores!… -, decía con la barbilla temblándole de emoción cada vez que se sinceraba con sus compañeros del almacén.
-Puta, compadre, que a Betto y a Juan Carlos los despidieron inmediatamente después que Blades – ¡Cuando no! – confrontó la versión del gordo con el administrador del bar… Quizá, cuñadito, en otras circunstancias la cosa hubiera sido diferente pero con todo el bolondrón que se ha formado, para mí, que los usaron de chivos expiatorios… Pero eso sí, ¿ah?… A todos se nos movió el piso… Dicen las malas lenguas, cuñadito, que Héctor aprovechó para deshacerse de ese par para aconchabarse las comisiones por un buen tiempo ¡Es un pendejo ese maldito!
-Se ha quemado a dos vendedores estrella del departamento, compadre… ¡No jodas! Esas zonas están buenazas y disponibles después de mucho tiempo, compadrito…
Los despidos tuvieron un impacto mayor que el secuestro. Ahora todos iban y venían silenciosos, como relojitos por los corredores cumpliendo al pie de la letra con sus obligaciones. Como de costumbre, el único que disfrutaba de la situación era Héctor Blades, que se atribuyó el dudoso mérito de haber atrapado a los infelices en falta y se felicitaba a sí mismo por haber anotado un par de nombres más en su lista negra.
-Yo ya les venía siguiendo los pasos desde hace tiempo, señores… Hasta que solitos cayeron nomás. Ya ven ustedes cómo todo influye en esta compañía… ¿Ah?… Así es, pues… Tarde o temprano caen… Yo no los cazo… Ellos solitos ponen sus cabecitas en el tronco…
Un acceso de tos interrumpió el sermón y un pequeño salivajo de flema teñido de nicotina salió disparado de su boca y cayó encima de uno de los informes que tenía apilados frente a él y con un experto manotazo lo desapareció en el acto.
-Esa gente es una amenaza para la empresa…
Y ya no pudo decir más porque otro ataque de tos lo obligó a salir corriendo al baño. Lalo y Sandro recogieron sus papeles de la mesa y aprovecharon para huir rápidamente del salón de ventas.
-Compadre, me parece mentira que los hayan botado… Pero una mierdas también para fugarse con la “grati” del tío…
-¡Se quedó muca sin su Veintiocho y el cojudo ni enterado, huevón!
-¿Ni enterado?… ¿Cómo?… ¿No dicen que ha pasado unas Fiestas Patrias de mierda?
-Y no es para menos, compadre…
-El gordo Renato se pasó pa’l culo cuñao…
-Ese cojudo está salvando su pellejo, nomás…
-No te hagas el loco compadre, que tú también estuviste en la juerguita…
-¡Qué lechero, huevón! Felizmente que me quité temprano…
-A todos los que estuvieron chupando con él les ha caído roche, cojudo… Es una suerte que nadie sepa que tú también estuviste con ellos…
-A mí me llega al pincho que lo sepan, ¿ah?… Don Raúl todavía estaba sobrio cuando me despedí… Él sabe muy bien que yo no tuve nada que ver con el asunto y si Renato no dice nada es porque me estuvo jodiendo precisamente por quitarme temprano. Él sabe que yo no le entro a la vaina y con concha ha quedado como un caballero sólo por hacer algo que hubiera hecho cualquiera en su lugar.
-¡Sí, huevón! ¡Seguramente tú le vas a regalar a alguien un sueldo completito!…
-¡Eso sí que no pues, cuñadito!… Eso es parte del show nomás… Espérate que el huevón reaccione… Segurito que se va a arrepentir…
-¿No dices qué tú hubieras hecho lo mismo?
-¡Huevón!… Me refiero a lo de llevarlo hasta su casa.
-¡Eso no es nada, cojudo! No creo que ningún pata lo hubiera dejado tirado allí…
-Pues ya viste que ese par no sólo lo bolsiqueó, sino que además pensaban dejarlo ahí tirado nomás…
-Si te hubieras quedado hasta el final te hubieran despedido, cojudo…
-¡No sigas jodiendo, carajo! Tú sabes que yo no jalo ni fumo esas huevadas…
-Pero no hubieras tenido valor para tirarles dedo como lo hizo el gordo, ¿o sí?
-Te voy a decir una cosa, compadre… Algunas personas no llegamos hasta el final de la cosa porque nos anticipamos a los hechos… Yo nunca me hubiera quedado con ellos ¿Entiendes?… De eso sí puedes estar seguro, Lalito…
-¡Puta qué correctito eres, huevón! ¡Para! ¡Para, cojudo, que me bajo! Te voy a contaminar, gansazo…
-No se trata de eso, Lalo. La cosa estaba fea, compadre… A mí no me gusta la nota de la cantina… Eso de medir tu hombría con tu capacidad de chupar, me parece ignorancia. Además, a mí la cerveza me cae mal al toque y yo cuido mi carrito, compadre… ¡Qué aburrido estar sentado mirando por horas a los mismos huevones! ¡No jodas! Si fuera meterse unos tragos con unas hembritas sería otra cosa…
-Pero te fuiste con ellos…
-¡Puta madre, Lalo! Estas peor que mi vieja, huevón… ¿No te has dado cuenta cómo insiste esa gente? Y se ofenden como chunchos, compadre, si no les aceptas un traguito. De puro caballero, y por Fiestas Patrias nomás, fui a tomarme un par de cervezas con el viejo Raúl porque el tío se raja despachándome los pedidos… Allí nomás me quité… Porque para mí esa gente es viejaza… Eso de tomo y obligo es una nota bien fea…
-A mí tampoco me gustan las cantinas, cuñao… Esa nota es choleraza… Yo no voy ni siquiera para quedar bien con nadie, cojudo… Me llega al pincho… Y para serte franco, yo soy de poco trago, cuñadito… Me tomo un roncito de vez en cuando con mi hembrita y nada más…
-Por eso te digo que estoy tranquilo, pues…
Sandro manejaba un formidable Dodge Dart deportivo que conservaba maniáticamente impecable.
-¡Todo un clásico, compadre!… – decía frotándole con orgullo los cromados con la manga del saco.
… Del sesentaiséis, ojo… Una pieza de colección color azul marino, con su techito blanco. Si supieran la fortuna que me estoy gastando en llantas anchas y aros de magnesio… ¡Huevones! Si tiene interiores de cuero totalmente blancos, ¡Cojudos!… ¿Por qué creen que no dejo que nadie suba ni comiendo, ni fumando y menos con los pies llenos de arena al regresar de la playa, ¿ah? Y me llega al pincho que me critiquen… Por eso soy siempre el primero en quitarme de cualquier lugar… Para no tener el compromiso de llevar a nadie, pues… ¡Soy egoísta! ¿Y qué? Pero con Lalito es distinto… ¡El flaco es mi pata y no está a la ganancia, como todos!…
Ingresaron juntos a la empresa y eran de los pocos que podían de vez en cuando trabajar en dupla, porque el temible Héctor casi nunca llegaba hasta el Cono Norte. Odiaba los conos, especialmente el polvo y prefería confiar en ellos que ensuciarse los zapatos. Cuentan que lo jodían como el fundador de San Martín de Porres – donde al parecer lo tenían castigado – porque jamás pudo salir de la zona… Creo que por eso Maldita sea mi Piedra fijaba su campo de acción exclusivamente en la parte urbana de Lima.
-¡Para que lo sepan durante una semana camino veintidós kilómetros, huevones!… Desde El Ermitaño en Independencia Hasta Carabayllo en Comas ¿Cómo la ven? ¡Qué suerte! Cuando a Sandro le toca ir a Condevilla y a San Martín de Porras me da una jaladita y nos hacemos juntos el recorrido. El negocio de las farmacias deja plata porque los medicamentos suben a diario… Miren: las distribuidoras – según ellos para proteger los intereses de sus clientes – les anticipan cuáles son los productos que van a subir de precio… Ni cojudos para no comprar ¿No? Digo… Pero eso sí, ¿ah?… Les ponen sus condiciones, pues…
-¡La carne sale con hueso, compadre!
-Entonces, les empujan lo que tiene menos salida… ¡Compadre! A las farmacias no les interesa esa huevada y se atiborran de lo que sea… Después se sientan tranquilitos a leer su periódico esperando el alza de precios
-¡Unas mierdas!
-Prefieren provocar una escasez que vender al precio justo… Hasta las pequeñas farmacias cifran sus esperanzas de crecimiento en este sistema ¡Compadre! ¡Y lo brutazos te lo cuentan todavía! Y eso, que las distribuidoras son selectivas, ¿ah? Sólo despachan a los clientes que tienen mayor capacidad de endeudamiento, pues! ¡Se las saben todas! Muchas boticas pequeñas se han convertido en grandes farmacias de la noche a la mañana… Y claro, las más fuertes hasta han levantado un centro médico…
-¡Fácil! ¡Las recetas se quedan abajo nomás!…
-Y hay cadenas de farmacias en cada distrito… ¡Díganme ahora que no es buen negocio!… ¿Está bien mi chamba o no?…
Ahora corre más plata en las farmacias que en los bancos y esto explica la ola de asaltos donde – aveces para su sorpresa- los choros se llevan unos botines millonarios. Por eso se puso de moda instalar esos tremendos barrotes en las puertas, que obligan al público a comprar desde afuera. Las rejas resolvieron una necesidad práctica y se convirtieron en un elemento arquitectónico indispensable.
-A quien le han cerrado la farmacia por quince días es al serrano Carpio, el dueño de la Botica Cosmos y otras tres más que hay por ahí… El cholo no quería venderle a nadie ni un Cal-C-Vita más hasta que le trajeran la nueva lista de precios… Pero un huevón con ojo de lince al toque le dijo que clarito podía ver que tenía un montón de merca en el estante. El pendejo de Carpio, sin asco mandó a su guachimán a que sacara al pobre hombre pistola en mano y a patada limpia… El hijo de la gran puta hasta le llamó a la policía al pobre huevón…
-¡Pero qué tal enfermo mental ese conchesumadre! ¡Si se está cagando en plata!…
-¡Serrano tenía que ser para comerse un roche por las huevas!…
-Y todo el mundo dice lo mismo… Pero ahí, compadres, no acabó todo… Porque resultó que ese pata era alumno estrella de la Jueza de Paz de Magdalena… Cuando el huevón le contó lo que le habían hecho, la tipa le mandó una citación. Dicen que el imbécil se presentó a la corte sin abogado y que la jueza lo revolcó… Hasta lo obligó a pedir disculpas y se quedó lloriqueando…
-¡Me hubiera gustado verlo, carajo!
-Ese huevón siempre la pega de machazo… Encima le han clavado una multa de la concha su madre por especulador… Lo malo de todo esto es que por su culpa no he podido llegar a mi cuota, carajo… Porque cada vez que viene un alza el cholo se estoquea a forro para todas sus farmacias.
-Ni cojudo…
Acontecimientos como este hicieron que el enrejado cumpla también la función práctica de contener a los reclamones…
-Lo que menos me gusta, compadres, son las cobranzas… Es que tengo que recorrer a pie unos barrios que para qué les cuento… Y eso que yo la sé hacer, ¿ah? Pero algunos clientes, hijos de puta, me pagan solamente en efectivo… ¡Ya se los he dicho! Pero prefieren ahorrarse el viaje al banco y no correr ellos el riesgo de ser asaltados…
-¡Conchesumadre!
-Cuando me llaman a la trastienda, ya sé ya… Pero yo, ni cojudo, les pido esparadrapo y me pego el billete al cuerpo…
-¡No jodas!
-¡Huevones! Ha habido veces, que he regresado a Magdalena mismo Fundamentalista Islámico, listo para inmolarme a los choros con todo ese efectivo adherido al cuerpo, cojudos… ¡Pero lo bueno es que la sé hacer! ¿O no?…
La Química exigía terno y corbata para trabajar y así era como Lalo se presentaba para marcar tarjeta.
-Hubiera sido un error, compadritos, ir así vestido a la zona. Por eso me cambio y me pongo jeans, polo y zapatillas. Claro que si Héctor me pesca es capaz de despedirme.
-¡Ese reconcha su madre!
-La maletota de pastillero la llevo sólo cuando sé que no voy a salir de la oficina, pues… A la zona me llevo un morral.
-¡Ni cojudo!
-¡Qué risa! Los chiquillos de Comas me joden porque creen que soy uno de esos curas protestantes… Y cuando me trepo en los micros cada cierto trecho para subir a los cerros, los huevonasos no me cobran el pasaje porque creen que soy un predicador de pueblo joven ¡Para mí mejor! ¿No? ¡Cáguense! Una vez los rayas me pararon en Carabayllo y me pidieron carné de extranjería… Los huevones pensaban que era un hippie perdido buscando drogas…
-¡Huevones!
-¡Ah! Pero me encanta bajar los cerros a pie para poder fumarme un tronchito… Por allá como las huevas, ¿ah? “Ala…, con so peteclén…”, me dijo la vez pasada un ama de casa que bajaba del cerro con su bibi en la espalda… ¡Es paja, cojudos!…
No era raro que un vendedor salga de la farmacia y no encuentre su carro. Con suerte, sólo le faltaban las llantas o el estéreo.
-A mí ya me han asaltado un par de veces en el Callao y por eso a cada rato pido mi traslado, cuñao ¡Puta, si me roban el carro me cagan, compadre!…
-De qué te preocupas, huevón, si el seguro te paga…
-El seguro de mierda que tenemos jamás me va a pagar lo que yo he invertido en ese fierro, compadre… Además, en el Callao cuando te cuadran te puedes ganar con tu tajo…
-No seas taco pues, compadre. Si te están cuadrando con chaira o con chimpún, no vas a oponer resistencia, huevón. Caballero, nomás… Tienes que soltarlo todo… Además, compadre, el seguro sí te reconoce las llantas…
-El seguro ni cagando me va a pagar lo que me cuesta una sola llanta, huevón, y ya han estado a punto de choreármelas…
-¿Qué tanto compadre por tu carro viejo?…
-¿Estás cojudo? ¡Para tu información es un clásico full equipo, huevonaso!
-Igual puedes reclamarle al seguro, compadre… ¡Qué terco eres, huevón!…
-¡Reclamarle al seguro! ¿Para que me pase lo mismo que al cejón?…
-No seas cojudo, compadre, a ese huevón su misma vieja lo cagó… El puta no se puso de acuerdo con nadie en la casa y el agente de seguros cayó en su jato una mañana que estaba trabajando y le preguntó a la señora cuántas llantas le habían robado a su hijo y la tía dijo la verdad…
-¿Y cuántas llantas le habían robado?…
-Dos nomás pues, huevón, pero el pendejazo del cejón declaró que le habían robado las cuatro…
-¡Puta, qué salado!… Pero ese no es mi caso, compadre…
-Por eso te digo pues, cojudo…
Sandro se acercaba a la gerencia de ventas y, como quién saluda, no dejaba de preguntar por su traslado. Y esa mañana, para su sorpresa, el gerente de ventas lo llamó para ofrecerle la zona de Juan Carlos.
-¡Compadre! ¡No más Callao!
-¿Renuncias?
-¡Al contrario, huevón!… ¡Me voy a San Isidro y Miraflores, carajo! – gritó feliz pitando la bocina del carro.
-¡Puta madre!… ¡No te creo, huevón!
-¡A la franca, cojudo!
-¡Puta, te felicito, compadre!… Esa es una buena zona. Voy a extrañar las jaladitas nada más… Pero qué chucha, pues… ¿Te lo mereces o no compadre?…
-Me llamaron esta mañana, huevón. Voy a estar una semana más y de allí arranco para San Isidro…
Sandro cruzó Caquetá y se pegó a la izquierda para entrar a la Túpac Amaru y Lalo se bajó a la altura de la farmacia Independencia. En una rápida maniobra, el Dodge cruzó la avenida y se internó en San martín de Porres. Lalo estiró la mano y paró un inmenso microbús Collique-San Borja.
-¡Subiendo rapidito por favor, flaco!… – gritó el cobrador desde su asiento.
En el interior del vehículo una niña pálida, ojerosa y soñolienta cantaba una chicha desafinada frotando un par de conchitas de abanico con desgano. Tendría alrededor de unos once años, estaba descalza y llevaba encima una inmensa camiseta de hombre que le colgaba como vestido. El frío húmedo le ponía la piel de gallina resaltando sus tetillas. En la mitad del pasillo dos niños bailaban contorneándose como atacados por una extraña enfermedad y, de vez en cuando, el más pequeño blanqueaba los ojos como si entrara en trance.
-♫♫ Máquina, máquina… Aceite para mi máquina… ♫♫ Y ahora, respetable público, como siguiente canción: ♫♫ Colegiala… Linda colegiala… Colegiala, dime que sí…♫♫
La chiquilla cantaba de paporreta mientras los mocosos harapientos y mal olientes pasaban de sitio en sitio pidiendo limosna sin éxito porque, a pesar de su lamentable miseria, los pasajeros los rechazaban con indiferencia y fastidio. Ni bien la niña terminó de cantar, Lalo le dio un billete de cinco soles y uno de los chiquillos se lo arranchó, se tiró del micro en plena marcha por la puerta trasera y rodó como un papelito en medio de la pista. Aprovechando un rompe muelles los otros dos se lazaron del vehículo y con extraordinaria pericia emprendieron su persecución.
-De hecho que ahora mismo se lo gastan todo en Terokal… – pensó Lalo mientras el microbús repleto de pasajeros se perdía a toda velocidad por la Tupac Amaru.

