(*) Extracto de la novela “Paraíso de los Suicidas”
La cortina de baño con las banderitas de las carreras de Montecarlo que hacía juego con la alfombra, la tapa del inodoro, la jabonera y el porta cepillos de plástico. Todavía estaban sus deslucidos trofeos de natación del ADECORE, del Inter-Escolar y del Panamericano en una repisa frente a la cama y del otro lado de la habitación, sujetos a la pared con unos chinches, estaban los nueve banderines marchitos del Champagnat y aquél otro todo garabateado y de fabricación barata que le dieron en el colegio del loco Pita. Cerró los ojos, se sintió transportado de regreso al pasado y deseó con todas sus fuerzas que sólo fuera una pesadilla. Pero su reflejo envejecido y desaliñado en el espejo lo devolvió a la realidad.
… ¡Por las huevas tanta medalla! ¡Por las huevas la promoción, carajo!… ¡Aparentar!… ¡Aparentar!… ¡Para qué mierda tanta vaina si ni siquiera pudieron comprarme una tabla!… ¿Ah?… A las finales, ¿de qué sirvió todo?… ¡Curas malditos! Me expulsaron por lo que le pasó a mi viejo ¡Cómo si nadie se hubiera dado cuenta que en la asociación de padres de familia andaban rajando!… ¡Todo el colegio hablaba de esa huevada! ¡Y ni siquiera pude defenderme, carajo! ¡Qué vergüenza! Todo el mundo se enteró que a mi papá lo metieron preso… ¡Sobones! Y a los Zolezzi no los botaron porque tenían billete… ¡Semejante narcaso que era su viejo, carajo! ¡Y yo no hice nada! ¡Yo no hice nada, vieja! ¡Te lo juro!… Fueron ellos los que se prendieron el troncho… ¡Qué injusticia, mamá! A mí nomás me expulsaron y casi todo el salón estaba fumando… ¡Desgraciados de mierda! Me hicieron un certificado tan rochoso que ni el loco Pita quería aceptarme en esa jaula de maleantes en la que terminé la media, mamá… ¿Te acuerdas?… Me dejé expulsar como un huevonazo y no delaté a nadie, mamá… ¡Qué cojudo! ¡Y mis patas de toda la vida ni siquiera abrieron la boca! ¡Nadie tuvo mis huevos!… ¡Curas malditos! Me tenían bronca, mamá, desde cuarto de media… Desde el día que se enteraron que mi papá no iba a pagarme el viaje de promoción… ¡¡Por eso me sentenciaron en la asociación de padres de familia!!… Y esos conchesumadres les prohibieron a sus hijos que se junten conmigo… Nunca te lo dije y yo fingía que no me interesaba… ¡Pero me dolió mucho, mamá!… En cambio, Potón, tú sí que fuiste un buen amigo… ¡Dejaste atrás a los patas que conocías desde la primaria y te fuiste conmigo al Cueto! ¡Eso fue muy noble de tu parte Potón! ¿Qué será de tu vida, desgraciado?…
Junto a la ventana encontró el carboncillo de Robin Hood que él mismo había enmarcado. Allí estaba. Trepado entre las ramas de un árbol, listo para disparar con su arco.
… ¡Qué bacán!… – y lo descolgó - Este sí qué me quedó bien… Parece mentira que yo lo haya dibujado ¿Por qué no seguí dibujando? Es que la cojuda de mi vieja pensaba que me iba a volver cabro si me matriculaban en Bellas Artes… Pero a Rodrigo, que no sabía ni rayar, sí lo metieron a estudiar dibujo ¡Ay, Rodrigo! Cuando te diste cuenta que yo dibujaba mejor que tú, me contestaste con cólera que tu papá te había dicho que a dibujar también se aprende y que ya te habían matriculado para estudiar artes plásticas… Me lo dijiste con tal convencimiento, huevón, que para siempre me hiciste dudar si vale la pena nacer con talento… ¿Puedes creer eso, cojudo? ¿Qué huevón, ¿no? Y cuando terminaste la secundaria en Rusia regresaste creyéndote un pintor… Hasta habías expuesto tus cuadros en Checoslovaquia y todo. Eso fue lo que me contó tu hermano, que resultó siendo mejor amigo que tú… ¿Pero por qué, maldito de mierda, el día que te fui a visitar ni siquiera me quisiste hablar? Y claro, tus pinturas me cagaron y te di la razón por ignorarme… Puta, tú sí que habías aprovechado el tiempo, cojudo… ¡Me cagaste otra vez! ¿Sabes? El dibujante del salón siempre había sido yo pero ahora tú hacías los cuadros… Me dolió en el alma que no quisieras verme… Me alegró tanto que hayas vuelto que hasta tomé dos micros para llegar más rápido a San Isidro… ¡Y no quisiste recibirme!… ¡Hasta ahora no se me pasa, carajo! Me miraste de lejos mientras tu sirvienta me señalaba con el dedo y te hiciste el loco y no quisiste acercarte, huevón… Eso sí, déjame decirte que estabas horrible. Parecías un bolchevique en huelga de hambre… Después, te metiste un clavado en tu piscina, dónde años atrás habíamos pasado inolvidables momentos y te quedaste braceando mediocremente delante de mí, que siempre te saqué la mierda en natación… De hecho que podías escuchar cómo tu hermano, genuinamente orgulloso, amable y compasivo, me enseñaba tus cuadros y trataba de explicarme por qué te negabas a hablar con un tipo tan alienado como yo… ¿Creíste que por tu exposición en Checoslovaquia ya eras lo máximo, cojudo?… Seguro que sí. Y también por eso me despreciabas… Yo era un alienado y tú de izquierda. Pero ahora te lo agradezco, huevón, porque hasta entonces no sabía que existían pitucos comunistas que viven en casa con sirvientas, piscina, un volvo y dos mercedes…
Colgó como sea su media docena de ternos en el estrecho ropero infantil y escondió toda la papelería debajo de la cama.
… Qué viejo está mi papá ¿Estará enfermo?… Mi mamá no ha querido salir de su cuarto ¿Estará molesta conmigo? No creo, seguro que tiene dolor de cabeza…
-Betto, Betto, ¿hijo, estás despierto?
-Sí, papá, me estoy cambiando…
-Ven a tomar una sopita caliente, hijo…
-Gracias, viejo, ya bajo… – contestó sin abrir la puerta y al toque se levantó de la cama.
Un pequeño papel voló a sus pies y cuando se agachó para recogerlo dispuesto a tirarlo al inodoro algo familiar lo detuvo en el acto. Reconoció la letra de Inés y empezó a leer:
“Amor perdóname por portarme así de cargosa,
pero a mí me gusta conversar las cosas contigo.
Yo sé que ese no era el momento para hacerlo y
discúlpame por haberme puesto así…
Entiendo que debemos hablar de lo que nos
gusta y también de lo que no nos gusta, ya que
prácticamente, estamos como empezando
de nuevo. Y hay ciertas cosas, mi amor, que se nos
están olvidando…
Por ejemplo, lo que acaba de pasar. Ya sé que no
debo molestarte cuando estás tomado. Ahora ya
lo sé y perdóname pero quiero que recuerdes que
te amo y te adoro de todo corazón y entiéndeme,
tú también a mí…
Espero mi amor que recapacites y te des cuenta que
hiciste muy mal. Sobre todo porque las chicas te estaban
mirando. Betto, así sientas que tengas motivos, por
favor no vuelvas a levantarme la mano…
Te adora tu esposa,
Inés…”
-Es normal que sufras… Es tu esposa y la madre de tus hijas…
-Ya no me quiere, papá…
-Eso es por ahora… Pronto van a cambiar las cosas, tienes que tener paciencia… ¿Ya fuiste a verla?
-Es que no sé cómo explicarle lo que pasó en el trabajo…
-Dile la verdad…
-Es que tú no entiendes… Nunca voy a poder conseguir otro trabajo igual…
-Ya verás que sí, hijo. Lo más importante ahora es que hables con tu mujer. Anda visita a esa pobre muchacha que está sola extrañándote en la cama de un hospital. Ella necesita de todo tu apoyo ahora.
-Ya lo sé papá. Mañana mismo voy a ir a verla pero no puedo evitar que me siga doliendo haber perdido mi chamba. Yo estaba muy bien visto allí…
-Estate tranquilo, hijo, que lo que hoy parece no tener solución, mañana te va a parecer una tontería. Siempre es así… Te lo dice este viejo… Tú eres un buen vendedor y tienes experiencia en lo tuyo. No te desanimes…
-¡Tú no entiendes, papá!
-Papito lindo, yo no sé las razones por las que te han despedido ni tampoco me interesa saberlas. Para mí eso ya pasó. Tú más que nadie sabes cuánto te puedo entender… ¿O no? ¿Te acuerdas que en el setentaidos me sacaron de la casa y me llevaron preso?
-Si me acuerdo, papá…
-Yo nunca te hablé de esto porque tu mamá no quiso… Sin ir muy lejos, creo que ahorita mismo me mata si sabe que lo estoy haciendo… Mira, después que me jodieron con la tienda entré a trabajar en esta compañía y como después de un año agarré dinero de una factura… Fue para pagar unas letras atrasadas de la casa, nomás… Te juro que siempre pensé en devolver la plata… Pero me ganó el tiempo y el desgraciado de mi jefe, a pesar que me conocía bien, no quiso esperarme ni dos días y me denunció a la PIP como si fuera un delincuente… Tú ya sabes lo demás… O me iba a la cárcel o nos quitaban la casa… Y tu pobre madre, imagínate pues…
-Yo nunca tuve claro lo que pasó, papá…
-Te lo cuento para que veas que de todas salimos… Dieciséis meses en la cárcel bastaron para entender mi error… ¡Pobrecita tu mamá! Tú no sabes cómo sufrió ella con todo eso… Vivir es difícil y es doloroso, hijo. Uno puede cometer locuras por conseguir lo que uno quiere…
(ALTAVOZ) “Mi compromiso es con todos los peruanos, con los más pobres, con los más necesitados…”
Llegaba estridente la voz grabada del candidato presidencial por el APRA desde la Casa del Pueblo.
-¡Pinga pelada, cholos de mierda! – gritó Betto haciendo pichulones con los dedos en dirección al local de ese partido.
En el Hospital Loayza, decenas de mujeres formaban una larga cola frente a los consultorios externos. El ambiente estaba impregnado de un irrespirable olor a creso que venía de los pisos recién trapeados pero cada vez que se abrían las puertas de los baños, la corriente de aire devolvía el hedor a orines por todas partes. Después de haber atravesado enormes grupos de señoras que lo miraban como a bicho raro, revisó una por una las camas, con insolencia y sin dirigirle la palabra a nadie. Pero no pudo encontrar a Inés.
-¡Puta madre! ¿Y si está en otro pabellón? ¡Ni cagando me la voy a pasar revisando, pabellón por pabellón!… ¡Cuándo no! ¡Estas! Ni siquiera saben dar bien la información… Me voy, carajo. Que no se diga después que no lo intenté.
Ya se estaba yendo cuando la vio. Venía caminando despacito, con una mano en la herida y flanqueada por dos pacientes. Se quedó perpleja al verlo y las demás, intuyendo de quién se trataba, cambiaron inmediatamente de semblante y se hicieron a un lado.
-¡Pero qué sorpresa!
-¿Qué haces con esas cholas?
-¡Shhh!… ¡Cállate! Pobrecitas… Una de ellas está muy mal…
-No me interesa.
-No seas malo…
-Ah… Ya veo que tú también te dejaste convencer… – le dijo poniéndose más serio y le señaló el latón que Inés tenía prendido en el camisón.
-“Alan Perú”… ¿Qué tiene de malo? – preguntó ella.
-Una semanita en el Loayza y terminaste de cholearte por completo… Seguro que ni cuenta te has dado.
-¡Mira, hijito! Si has venido en ese plan mejor hazte un favor y vete. Todavía no estoy bien, ¿sabes? Se me han salido un par de puntos y no pienso soportar tus necedades.
-¿Cómo no se te van a salir los puntos si estás todo el día paseándote con esas serranas?
-¡Sal de aquí! ¿Tú qué sabes?
-Ah, ¿sí?… Cómo tú quieras… Yo venía con el alma tranquila a saber cómo estabas y como siempre tú la malogras. Bueno, si ya no quieres verme, me voy…
-Betto, conmigo déjate de agresividades. Para saber cómo estoy sólo necesitas preguntármelo y si estuvieras consciente de mi estado no me harías pasar por este disgusto.
-Es que vengo y no te encuentro… Como un cojudo, tengo que estar buscándote entre esas camas pezuñentas…
-Esa no es mi culpa y no estoy paseando. Venimos de hacernos un chequeo.
-Ya te dije que esas no me interesan…
-Pero a mí sí. Y tú también me interesas ¿Crees que estos días he podido dormir tranquila? En lugar de estar pensando en mí la he pasado preocupada preguntándome si has comido, si has dormido, si tienes ropa limpia, si te levantas temprano para ir al trabajo… ¡Estás flaquito!… Adriana te reclama como no tienes idea y mi mamá ya no sabe qué decirle… Por favor, ve a ver a tus hijas… ¿Todavía harías algo por mí?…
-Tu sabes cómo me molesta que le hables a cualquiera, sobre todo a esa gentuza horrible…
-Ah, ¿sí?… Hablando de pintas horribles, un tipo espantoso me ha dicho en la calle que es tu amigo y que mientras él ande por allí, ni a mí ni a tus hijas nos va a pasar nada…
-¿¿Qué?? ¿Quién te ha dicho eso?
-¡Rostro!
-¿Rostro? ¿El del Fuerte Apache? ¿Cuándo has estado hablando tú con él, ah?
-Eso ya no tiene importancia… Pero ese tal Rostro tiene pinta de criminal y dice que es de tu promoción. Y lo peor de todo es que nos conoce… ¡A tus hijas sonsonazo!… ¿Cómo te atreves a venir a despreciar a esta gente teniendo esas amistades? ¿Quién te crees que eres? Tú no tienes ni derecho ni autoridad moral para seleccionar con quién tengo que hablar. Por lo menos, ya no…
-¿O sea que esto que estás haciendo es definitivo?
-A qué te refieres con “¿esto que estoy haciendo?”
-¡Esto, pues! ¡De llevar nuestra relación a la mierda!
-Mas bien, yo debería decirte eso…
-¡Si tú eres la que me has abandonado!
-¿Qué? ¿Es así cómo ves las cosas?
-¿Y entonces, cómo son?
-¡Tú nos abandonaste a todas Betto! Lentamente. De una forma tan sutil que ni tú mismo te has dado cuenta… Nos has ido dejando de lado… Ya ni te preocupabas por nosotras… ¿Acaso crees que con tirar unos billetes a regañadientes es suficiente para admirarte y respetarte? Pregúntale a tus hijas, Betto… Nadie te ha dejado de querer. Pero es imposible vivir con alguien que ya ni te respeta…
-¡Ni siquiera me diste la oportunidad para decidir qué era lo mejor para ustedes!
-¿Qué?
-Sí. Te olvidaste que eres una mujer casada y como una inmadura hiciste lo que te mandó tu padre ¡Tú eres mi esposa y tienes la obligación de consultar tus decisiones conmigo!… Debiste esperar para darme la oportunidad de cumplir con mi deber… ¡Así es como debió ser!
-¡Já!… ¡Si te esperaba me hubiera muerto, hijito! Te fuiste a las tres de la tarde y nunca más regresaste ¿Qué querías?
-¡Me dejaste mal delante de toda mi familia!
-¿Qué? ¡No lo puedo creer! ¿Dejarte mal delante de tu familia? ¿De quién? ¿De la arpía de tu madre?…
-¡Inés por favor, no te me pongas vulgar! Cómo se te sale al toque toda la avenida La Paz, ¿no?
-¡Qué increíble! ¡Mira, Betto, ya no puedo estar más de pie! La alegría de verte se fue al demonio… ¡Pero qué equivocado estás! Siempre lo supe pero tenía la remota esperanza de que cambiaras y por eso no te abandoné…
-Ah, ¿sí?… ¿Entonces ahora por qué me estás dejando?
-¡Es inútil!
-¡Habla, pues caprichosa! ¡Ni siquiera sabes por qué!
-¿En realidad quieres saberlo?
-Por supuesto, ¿qué crees que hago aquí?
-Ya te lo dije ¿No me entiendes? Porque ya no nos quieres, Betto… ¡Ahora déjame en paz que necesito recostarme!
-¡Espérate que todavía no he terminado! ¡Yo no he venido aquí para pelear y mucho menos para que me botes! – y la sujetó fuertemente del brazo.
-¡Quita!… ¡Suéltame! ¡No me sigas! No quiero que sepas cuál es mi cama, ¡Lárgate!
Y sin que se dieran cuenta ya estaban rodeados por una docena de mujeres con sus batas con florcitas. Una gorda altísima, que parecía tener autoridad en el grupo, tomó del otro brazo a Inés y se la llevó a un costado.
-Compañera, el doctor le ha dicho que tiene que descansar… – le dijo la mujer en voz alta y le clavó una mirada desafiante a Betto- ¿Joven, cómo va a venir usted a darle semejantes colerones a la chica que está recién operada?
-¡Descansando deberías dejarla pues, joven!
-¡Abusivo es lo que es!
-¡Ni comida le ha traído siquiera!
-Otros con flores saben llegar…
-¡Ah! ¿Me quieren agarrar en mancha? ¡Uyuyuy! ¡Ya vi lo que decidiste! Espero que seas feliz entre tu gente… Y dile a Sofía que no vuelva a llamar a joder a mi madre, que esa sí que es una dama… Toda una señora… – y dio un portazo que remeció por completo el edificio.
Una vez afuera, agarró a patadas el basurero.
-¡Conchesumadre! ¡La puta que la parió! ¿Todavía que me rebajo a venir a este hospital de mierda y me trata así? ¡Qué tal raza! ¡Después no quieren que uno se deprima y le den ganas de chupar! ¡A la mierda con todos!…