¿Qué hay detrás de los campos infantiles de concentración y la política “cero tolerancia” de inmigración?


por: Eduardo Catalán

 

La industria dedicada al suministro de recursos (alimentación, uniformes, armamentos, construcción de instalaciones e infraestructuras) en centros carcelarios, organizaciones educativas, centros de rehabilitación, instituciones militares y hasta el de tropas de mercenarios contratistas que, ejecutan operaciones desequilibrantes a beneficio del avance corporacional en distintas zonas estratégicas del globo; ha encontrado en esta inhumana política de inmigrantes, ejecutada por el gobierno de los Estados Unidos a través de sus agencias ICE y Homland Secuirity; una nueva y lucrativa fuente de riqueza. Beneficio que deviene de los recortes de presupuestos a programas de educación, de salud, de servicios públicos como los de ayuda a personas de bajos ingresos (muchos actualmente desactivados), para que sea asignado a empresas privadas que pongan en práctica los requerimientos necesarios y hacer realidad proyectos, tales como el de “cero tolerancia”, reteniendo a niños en campos infantiles de concentración y separandolos de sus padres.

Cada detenido por ICE, representa un presupuesto ventajoso financiado por el contribuyente y que involucra desde su alimentación hasta el salario de las personas encargadas de custodiarlos. Más aún, si se desglosa un núcleo familiar constituido. Capital que pone en marcha  toda una maquinaria administrativa de la que depende el sustento de muchas familias. Y que, al mismo tiempo, se constituye en una fuente de empleos que responde a las promesas de campaña hechas por el actual presidente de los Estados Unidos.

Lo que resulta en que nada es casual y que, esta crisis, generada en la frontera entre Méjico y Estados Unidos, sea cada vez más irresoluble. Y que la persecución de los indocumentados haya crecido hasta niveles antes no vistos.

Cuan grande sera la utilidad que, muchísimas personas, cuya legalidad está en regla son acosados y detenidos basados unicamente por sus perfiles raciales. Actividad que, debido al discurso de odio que promueve el Gobierno como un patrón de conducta, no sólo exacerba e incita el abuso policial, hasta extremos brutales; sino que además, cuenta con la aprobación – manifiesta o encubiertamente- de muchos sectores de la población blanca; incluidos latinos que – por el color de su piel y/o por naturalización – se consideran tales. Y que, por añadidura, en nombre de un concepto equivicado, de lo que realmente significa el Ejercicio de las Libertades, continúa pronunciandose a favor de la intolerancia, la senofobia y la descalificación humana por la condición racial y de origen.

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Published in: on junio 22, 2018 at 8:23 am  Dejar un comentario  

Atropello y violación de Derechos en una fría noche de invierno


 

 

Por: Eduardo Catalán

 

 

Hace aproximadamente una semana,  la policía arrestó brutalmente a una persona sin hogar, un homeless, que hambriento y mal abrigado pedía limosna en la puerta de un Seven Eleven  muy cerca a mi casa.   Se trataba de un milenio de unos veintitantos años y que con seguridad  vagaba  huyendo del frío que azota los Estados del Norte.

 

Para tal caso, el Departamento de Policía,  consideró que seis patrullas eran suficientemente necesarias para llevar a cabo el arresto. El delito del que en ese momento era acusado,  se trataba  sólo de un asunto de estética u ornato y, que según me enteré luego,  había sido denunciado por uno de los empleados del establecimiento que temía por su seguridad;  basado únicamente en el lastimoso aspecto que la intemperie, el frío y el hambre daban al infeliz.

 

Tres policías, un hombre y dos mujeres, obesos al extremo,  le advertían que se arrodille bajo amenaza de inmovilizarlo con sus  paralizadores  si no obedecía al momento. Otros tres más, obesos también, presenciaban  con la mano en el arma,  por si acaso el milenio sacara alguna otra para enfrentarlos.

 

Pero el chico, cuya desgracia no sólo se reflejaba en su famélico semblante, sino también en su impotencia y actitud humilde; se puso a disposición de la autoridad sin ningún tipo de  resistencia. Pese a todo, uno de los oficiales, le practicó una violenta voltereta que lo desplomó de cara al piso. Mientras tanto, otros dos más,  subidos encima de él,  le ataban las manos brutalmente con una presilladora plástica. Sin embargo, el chiquillo, continuaba en silencio.

 

Este  triste espectáculo, tardó al menos una hora, mientras vecinos y clientes entraban y salían indiferentes del establecimiento. Algunos, sólo movían la cabeza,  al tiempo que saludaban como aprobando la maniobra policial que sucedía ante sus ojos. Cuando la comitiva de oficiales concluyó su merienda  – que gratuitamente ofrece el lugar  al Departamento de Policía para que responda a sus llamadas de inmediato -,  regresaron  a donde el infeliz continuaba  extendido en el pavimento.

 

Finalmente, lo subieron a empellones a una de las patrullas. Pero mientras esto sucedía, el milenio rompió el mutismo dirigiéndose a una de las oficiales, que bien podría ser su madre,   para rogarle   que por favor no olvidaran de subir también su mochila – una de viajero repleta con su ropa –  y también un vistoso tecladito Yamaha portátil. Pese a que la oficial,  por algunos segundos fijó su mirada en el equipaje del  detenido, ignoró su petición por completo.

 

A los pocos minutos, la comitiva policial se retiró de la escena abandonando allí las humildes posesiones del jovencito. Conmovido por semejante cuadro, sólo atiné a recoger sus cositas y esconderlas debajo de un árbol cercano; pensando que cuando regrese  pudiera encontrarlas a salvo. Luego de cubrirlas con un cartón para que la intemperie no dañara su  tecladito, yo también abandoné el lugar.

 

Como era de esperarse,  al día siguiente, inmerso en mi rutina olvidé el hecho por completo. Sin embargo, anoche regresé a la tienda a comprar algunos cosas y  me acordé de él.   Corriendo fui a ver si el joven había regresado y recogido sus bultos. Pero, tristemente, vi que  continuaban escondidos allí.  Así que, las he recogido  y  traído  a mi casa,  con la esperanza de que voy a volver a encontrármelo para devolvérselas.  Está repleta. No sé que tiene adentro; tampoco quiero saberlo. Sólo encontrarlo.

 

Nota.

En uno de los bolsillos de su mochila acabo de encontrar la dirección de su madre en Michigan y creo que mejor voy a contactarla para que ella lo rescate.

Published in: on enero 19, 2018 at 7:22 pm  Dejar un comentario  
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