La Casa De Dios


Por: Eduardo Catalán

“Cada mañana, decenas de infortunados hacen cola frente al portón trasero del templo aguardando la  caridad que brinda el buen corazón del hermano José” 

Amanecía. Un sol sofocante enceraba sus rostros curtidos por la intemperie. La fila era todavía pequeña. Fantasmales, iban apareciendo de cada rincón de la ciudad. Eran los mismos infelices de siempre, los mismos mendigos anónimos estrujados por el cansancio. Muchos ya ni recordaban la última vez que se tumbaron en un catre o se sentaron a la mesa para llenar la tripa con algo caliente.

El hermano José abrió la puerta trasera del templo y fueron ingresando silenciosamente a ocupar su sitio habitual en el piso del patio. Los religiosos se preparaban colocándose los tapabocas y los guantes plásticos. Pronto llegaría el alimento. Comida chatarra que los restaurantes de los alrededores desechaban y enviaban antes que se decomponga.

Un par de monjas sin hábitos cantaban agudísimo mientras repartían panfletillos con propaganda religiosa y que los mendigos recibían con laconismo guardándoselos entre sus harapos inmundos.  Luego, el hermano José ofrecía su charla diaria. Les hablaba del pecado, de la misericordia y de la grandeza de Dios y del milagro de la vida. 

Pero esa mañana el hermano José tuvo una revelación. Recién pudo ver claro que no habría milagro que sacara a esa escoria de la pobreza. Que una oración diaria nunca los libraría del hambre, de la enfermedad y la desesperanza que los agobiaba.  Tampoco lo haría la comida rancia que aguardaban.

Armado de valor, reclamó a Dios ¿Por qué, Señor, permites tanto sufrimiento?

Lo encaró airado.  Pero no obtuvo respuesta. Más tarde, mientras celebraba la misa matutina para los emperifollados feligreses, su mente se aclaró. Y pudo darse cuenta que el Señor extendía su gracia sólo a los que tenían su vida económicamente resuelta. A los que disfrutaban de un buen trabajo, a los acumulaban riqueza y compraban artículos de lujo.

Al constatar la opulencia que lo rodeaba, admitió que se encontraba en la casa de Dios. Conmovido, dio gracias de ser su siervo.

Published in: on mayo 18, 2011 at 3:06 pm  Dejar un comentario  

The URI to TrackBack this entry is: https://yactayo.wordpress.com/2011/05/18/la-casa-de-dios-2/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: