TODOS NECESITAN UN TRABAJO (*)


Por: Eduardo Catalán

(*) Extracto de la serie SUNPASS

 

 “Llegado el momento, todos deben salir al mundo en busca de un trabajo. De una actividad económica que permita satisfacer las necesidades…”.  

Hoy en día, lograr una situación económica destacada, se ha vuelto una fantasía bastante popular al alcance del común de los mortales. Y, aunque a muchos les tarde toda la vida materializar esta hazaña, la mayoría prefiere continuar creyendo que el éxito, se encuentra al doblar la esquina.

Y todavía quedan lugares al sur de la Florida, donde las expectativas de trabajo continúan despertando las más descabelladas ilusiones. Extremidad pantanosa rodeada de mar caliente, cada año amenazada por devastadores ciclones, sin embargo y a pesar de la crisis, superpoblada de inmigrantes en busca de trabajo. Para algunos pocos, conseguir un trabajo es fácil.  Pero, para el común de los mortales, esta tarea es una permanente lucha incierta. A pesar de todo, la convivencia es posible. Y es que, secretamente, todos abrigan la ilusión de hacerse millonarios alguno de estos días.

Piso once. El elevador se detiene. Irma da un suspiro profundo y se arroja decidida. Se contempla con atención en el espejo del lobby. Se humedece los labios con la lengua, abre grande la boca y pasa un par de dedos rápidos por las comisuras limpiándose el labial. Se nota hinchada. La noche anterior no ha bebido. Pero se siente segura con los zapatos rojos que se ha puesto. Rojos como su vestido y su calzón. Se acomoda el busto y avanza.

…¿Por qué me va ir mal?…

-Mira, mi cielo: Calela, por contrato, llega con su propia gente. Y con eso nada. Ya tú sabes…

-Cualquier otra cosita… ¿Qué tienes al medio día?…

-Irmita, te voy a hablar con el corazón en la mano. Por el momento, no tengo nada en los medios. Menos en televisión…

-¡No seas guanajo!

-Tengo otra cosa… Quizás te interese…

-¡Suéltala que hay hambre, mi negro!

El sol está rayando. Un avechucho zanquilargo hurga hambriento a orillas del canal. Armando detiene la camioneta frente a un trailer de cuatro oficinas y dos puertas. Un grupo de camioneros entra, firman su llegada y, en el acto, parten presurosos a montarse en sus volquetes. Transportan arena, asfalto e insumos para la construcción de carreteras.

En la hondonada un par de gigantescas palas mecánicas extraen pedernal, para montarlo en  los volquetes. Los camioneros hacen fila esperando su turno. 

Armando enciende un cigarro, lanza una enorme bocanada de humo gris y se dirige al trailer.  Un hombre inmenso con el casco plástico en la punta de la cabeza sale a su encuentro.

Una nube de guasasitas feroces atraviesa mortificando el ambiente.   

-¡Mi hermano!

-¡Consorte!

-¡Aquí no hay nada! ¿Ah?…

-¿Eso es lo que le parece?

-Brother, por aquí sólo hay lagartos…

El cielo ruge. A lo lejos unos relámpagos anuncian chubasco.

-Desde ahora, esta cantera será tu nuevo campo de acción… – vocifera el gigante quitándose el casquito- Tú, vas a llegarte aquí cada vez que la corporación lo pida… Vienes y recoges la orden… Tú consigues a la gente, en fin, ya tú sabes…

-¡Mi Hermano! ¡Hago lo que usted diga!… – contesta Armando, frotándose las manos…

Una bandada de loros chillones enfila en lo alto buscando refugio entre los escasos arbustos que la corporación ha dejado por los alrededores.

-Este negocio es bien variado, socio. Por ejemplo: a veces hay obras en las que tenemos que derribarnos un buen tramo de las cercas del vecindario y nosotros nos las tumbamos ¡Las que hagan falta, mi socio! Se cuenta nomás y punto… Cuando se acabe, se le llama a usted… Usted calcula, usted factura y me separa para mí un veinte por ciento por cada llamadita… Esto es grande, ¿eh? ¡Esto es grande! ¿Tú me estás entendiendo, no mi hermano?

-Claro, claro…

-Claro que también me tiene que trabajar bonito, socio… Y no me contrate indocumentados… La cosa ahora está que, ya tú sabes… En fin, Armando… ¿No le voy a estar explicando, no?… Eso sí, ¿ah?  A partir de hoy, a usted mi brother, no le vuelve a faltar trabajo más nunca en la vida… Esta corporación tiene para rato…

Armando arranca feliz en pleno aguacero. Más allá se detiene un instante a observar cómo la lluvia no ha interrumpido a las palas gigantescas que, continúan infatigables extrayéndole el material al suelo, en medio de un traqueteo metálico. Lanza un suspiro ronco. Se siente orgulloso de pertenecer a la corporación. Pita el claxon saludando a los operadores de las máquinas y acelera patinando en el lodo.

…Llegamos poco después del huracán.  Cuando habían habilitado sólo veinte apartamentos. Vinimos en avión, buey. Saqué licencia de conducir, me compré un coche… Y conseguí trabajo en el restaurante de los Jiménez ¡Ah!.. Días maravillosos de pobreza y de esperanzas, cabrón… 

-No pensará pasarse toda la vida camelleando en esta porquería, ¿no? … -dice Salomón con los ojos risueños.

-¿Qué más se puede hacer en este lugar?

-Fumarse un tornillito de vez en cuando, parsa… Hay que sacarle la vuelta a los gringos. Venga, yo le enseño…

Salomón ya tiene cuatro casas compradas en su pueblo. Una para cada hijo. Dice que para la mano, cuando se compre la suya. Salomón es discreto y la sabe hacer. Pero lo delata ese olor a yerba fresca que siempre trae encima.

Desde entonces, cada mañana, como parte de su rutina Amílcar se da su vuelta por el 309, el 321 y el 414 y se cerciora que no haya moros en la costa. Vigilancia que Salomón le reconoce con una onza quincenalmente.

-¡Eso no es nada, puto!… A la manager le cae mil por apartamento, buey… Lana es ya otra cosa, cabrón… ¡Quién cómo esa vieja!… -, lanza la bocanada del humo que tiene aguantado en el pecho.

De pronto suena la radio. Irma lo necesita en la oficina. Está pacheco. Se odia…

Pero acude de inmediato.

-¡Qué pedo!

Irma cuenta con Amílcar para todo. Ella no entiende ni papa del negocio de “rentar apartamentos”, pero está aprendiendo. Está allí sólo porque necesita el dinero. Esta vez tampoco está con Calela. Se muere de rabia. Lo que ella quiere es trabajar en la tele, en producción.

-¡Y pensar que hace poquito, yo tampoco sabía nada!

…Nomás era chofer de don René… Tempranito hacía el mercado para la mamá… Corriendito, le compraba el desayuno y, claro buey, su papelito higiénico con aloe vera…  De allí, arrancaba a cambiar el sencillo… ¡Costales, carnal! Como de película… Antes que me dieran las once salía disparado a recoger las salsas secretas para repartirlas por los demás restaurantes… Igualito era por la tarde y antes que dieran las cuatro volaba a recoger los postres… Y nuevamente a repartirlos por todos los restaurantes otra vez… La comida ya se me caía al suelo de cansancio, buey…

-¡No mames!…

Armando está tan obeso que cada día le cuesta más bajarse de la camioneta. Eso sí, todo lo deduce en pies, en yardas… Una vez en el piso, observa complacido el trabajito que le ha encargado la corporación. Resuella. Piensa risas. Le bailan los ojos. Desde ahora vivirá gratuitamente en uno de los apartamentos… Está a cargo. Facturará la reconstrucción de los apartamentos dañados por el ciclón.  Además remodelará las oficinas, la casa club, el área de la piscina, la playa de estacionamiento, la cerca…

Armando saca la raíz cuadrada de todo y separa para su socio el veinte por ciento. 

-Buen negocio… – piensa dirigiéndose a las oficinas.

En el camino se cruza con Amílcar pero todavía no se conocen…

-Buenos días, vengo de la corporación…

-Ah… Pase, pase. La manager ya está preguntando por usted… – le contesta Yarasely sin dejar de maquillarse.

Está chorreadito. No ve las horas de llegar. Pedalea con más fuerza. Se está perdiendo el ¡happy hour!

Pedalea más duro.

-Felizmente, los edificios no me quedan lejos – se consuela -. Yo, que soy una tardona…

Efa trabaja de barman en el Alice Nude. Algunas madrugadas le permiten bailar y desnudarse. A veces, regresa con los bolsillos reventando de billetes. Pero inmediatamente  se lo gasta todo en perico.

El gordo se da cara con el día. Se pasa un dedo con saliva por los ojos y mueve la mandíbula de arriba a bajo. Ha esperado en su escondite toda la noche. Todavía las manos le apestan a crack… Cuando den las ocho se le acercará y le pedirá lo que sea… 

-Diez Dólares.  Está bien… ¡Facilito!

-Es la última vez que  te doy plata, Raúl… ¡Anda, báñate! ¡Y no vuelvas más por aquí!.. ¿Oíste?

El gordo se inyecta el crack. Su tos mortal se oye desde lejos ni bien se pincha… Se saca  dos piedras de la boca y continúa tosiendo.

-Préndela… -dice la Mona con ojos de faroles… 

-¡Caballo! La mayoría de las gevitas que bailan en el Alice Nude viven en los edificios…

-¡Consorte! Usted aquí se morbosea de lo lindo…

-Sólo tengo que ponerme la olímpica y lanzarme en la piscina…

-Armando, usted es un hombre con suerte…

¡Brother! Trabajo mucho para eso, mi socio…

Amir Abumahed, es más conocido como Sandokán. Él, reina como amo y señor del Alice Nude. Es pakistaní y mide casi dos metros. Tiene el rostro fruncido por una cicatriz intimidante, que le da un gesto homicida. Un bigote denso enjaula sus labios. Y sus ojos negrísimos destacan su poderosa nariz aquilina.

-A ese le falta sólo el puñal entre los dientes, buey…

…Su mujer es dominicana, cabrón. Es una de esas maniáticas de la limpieza. Dicen que nomás para en el templo. Y todos los miércoles tiran abajo el departamento. Está de pedo, carnal. Allí rezan hasta la mortificación, ese… Dicen, se dan de latigazos… Nadie sabe bien lo que pasa allí adentro, buey… Pero se oye como si estuvieran matando a alguien, ese. Con gemidos y todo. Para mí, que son cosas de la encuerada, buey ¿Cómo será? Pero cada vez que viene la policía, esa vieja abre con su vocecita de pendeja y se convence hasta al jura más maldito, ese…

-¡No mames, buey!

-Mire, la señora de 708 dice que sólo están rezando y que van a bajar la voz… Ya no va a tener ningún problema con ella, porque está advertida… – le explica el policía a Irma.

Ed, es un policía rechoncho con la cara de bebe y acné en la barbilla.

La Efa rasura pubis como nadie. Por eso Desde las dos de la tarde todas las chicas lo despiertan ¡Le tiran abajo la puerta!

-¡Muchacha! Tiene una mano bendita…

-¡Profesional!… – recalca Efa, mientras deja una vagina tan calva como la de una núbil.

También peina, hace manicura y pedicura… Por eso, a la Efa no le puede faltar su bolsota de perico… Con eso lo levantan las chicas.

-¡Ustedes me van a matar!… – grita emocionada y se aspira una rayota.

La Mona, cada día está más estropeada. Desde temprano recorre los edificios buscando que robarse. Cuando el supervisor la encuentra la echa como si fuera un perro sarnoso.

…Sé de muchos que han dejado que se la mame por diez pesos, ese… A mí nunca se me ofrece. Me saluda, nomás…  Hace poquito los carros le tocaban el claxon cuando la veían con su shorcito parada en la esquina… Ahora también se la suben… Pero está tan flaca que ya no vale nada…

A partir del medio día hay amenaza de tornado.

Isolina cruza la pista con su cachorra Pastor Alemán bien sentadita  en la canasta de la bicicleta. Es hija de campeona. Su madre ha capturado más narcotraficantes que la DEA. Isolina le ha puesto Anubis por su estampa regia. Se la regaló Ed, el niño policía que nunca se pierde un happy hour.

-¡Está preciosa!…- grita la gente al verla pasar. 

El cielo se tiñe morado, el viento levanta todo. Isolina pedalea con el aire en contra. Pero, igual le cede el paso a una familia de patos que corre a refugiarse junto a la gasolinera. Anubis les ladra inquieta.

En los edificios no se admiten perros. Ahora Isolina tiene que convencer a Amílcar… Bueno, también al supervisor…  Y a la manager…

-¡Es un Sable!… Igualito a Rintintín-  grita abogando a favor “Arroz con pollo, Ed”, mote con el que se le conoce en la barra del Alice Nude.

-¡Arroz con pollo! ¡Arroz con pollo!…

Es la única frase en español que se sabe. Ed es un buen muchacho. Vive en los departamentos desde antes del ciclón.

-Aquí lo vimos crecer… – grita Manzanero grandilocuente levantando su cerveza- Yo mismo escribí la carta de recomendación…

Manzanero es el supervisor de los edificios y jura que, Ed es policía gracias a él. Es lo primero que piensa cuando se cruzan por los pasillos. Manzanero no habla ni jota de inglés y saluda a todo el mundo con un “Merry Christmas and Happy New Year…”, cualquier día del año.

-Es lo único que sabe decir, buey…

-¡Arroz con pollo!… ¡Arroz con pollo!.. -, le responde, Ed,  a todo pulmón.

…Manzanero es el tío de Yarasely, buey… El suertudo se ganó la lotería de visas. Sabe de oficios como la mayoría.  Entiende de albañilería, de mecánica y un poco de electricidad. Ya sacó licencia de electricista y es técnico en aire acondicionado… ¡Va de cohete, buey! En Cuba fue militar. Dicen que él y su esposa eran los chivatos de su cuadra…

…La esposa es una verdadera joyita de las tinieblas, carnal. Piadosa. Ama de casa ejemplar. Toda ella es un anís. Su ropa y su carro brillan. No hay nada que se pueda decir de su reputación.  Pero su debilidad es el chisme, buey. Mata a sangre fría, con esa lengua viperina que el diablo le ha dado. Es un pajarraco de temer que se pasa el día entero llevando y trayendo comentarios.

Su otra debilidad es quejarse de Manzanero.

-¡Ya cansa, buey!…

-¡Muchacha! Ese hombre me va ha matar… Todo el tiempo metido en esa barra… – lloriquea Manuelita por los corredores.

-¡Ay, chica! Si yo te contara…

-¿No me diga?…

Les jala la lengua a los vecinos y, en el acto, corre a pasar el cuento a otro menso.

Hace años que Manzanero la ignora. Pero ella jura que, un día no muy lejano, conseguirá su atención de nuevo. Se lo ha propuesto.

-Que espere nomás…

El gordo Raúl tiene una maleta escondida con todas sus cosas en una casa abandonada. La que está derrumbada frente a los edificios.  Raúl piensa sólo en beber y en drogarse. Poco a poco está vendiéndolo todo. Los inodoros, los lavamanos, los pisos… Se inyecta crack y tiene una tos fulminante.

-Armando, por favor, cuénteme más… ¿Verdad que le vio todito?

-Son putas, consorte, a propósito te lo enseñan todo…

-¿Y por qué no hay una sola por aquí ahora?

Armando se pasa el día en ropa de baño. Su gente le cumple. Armando jamás olvida pagarles su cheque semanal. Armando paga bien porque cobra caro… Por el momento, hay presupuesto. Los Seguros están pagándolo todo.

El huracán ha llevado arriba a la corporación.

…Cuando llegamos no teníamos nadita, carnal… La alfombra era nuestra cama. Si no fuera porque Isolina compró todo, no tendríamos ni un solo mueble. Comíamos en el piso, cabrón… Me traía en los bolsillos la carne que la gente dejaba de sobra en el restaurante…

– ¡No mames! ¡Qué asco, ese!

-Ni creas, carbón

…La escogía bien… Carroñaba sólo de los platos de las hueritas ¡Ellas casi ni comen! Todas delicadas cortan un pedacito y dejan todo… Un día cualquiera podía llegar a juntarme hasta veinte bistés, buey… Isolina los lavaba bien y los metía a la congeladora en bolsitas… 

Salomón está colgado. Fumando porros como de costumbre en su hamaca en el balcón. Su piso tiene la mejor vista hacia norte. Desde allí, en un día soleado como aquel, Salomón llega a ver hasta el Down Town. Chupa su porro, retiene el humo y lo suelta al rato.

Una camioneta gris con letras de molde amarillas se estaciona abajo. Tres hombres con mameluco azul se preparan. Ramón queda petrificado. Bota todo. En un maletín recoge un par de cosas y sale disparado con el corazón explotando escalera de emergencias hacia abajo. Brinca las gradas de diez en diez. Debe controlarse. Llega al primer piso pálido como un muerto. Amílcar se sorprende al verlo. Salomón no articula una. Hace señas para que se acerque.

-E-e-e-e-sos… Tipos ¿Si-si-guen allí?

-¿Quiénes? ¿La gente de OTIS que está arreglado el elevador?

-¡Ah! Son de OTIS… De lejos, con esos mamelucos, hasta vi otras letras, parsa… ¡Casi me da infarto! – dice reponiéndose.

Isolina paga y se monta en la bicicleta. Pedalea feliz… Sostiene el timón con una mano y con la otra sujeta el árbol.

-Amílcar se va a quedar de una pieza…  – carbura alegre pedaleando parada.

-¡Merry Christmas!… -, le gritan de un carro.

Lleva en la bicicleta un pino natural a cuestas ¡En  plena US1! En cada esquina los autos le ceden el paso, pitando el claxon.

-¡Merry Christmas! ¡Merry Christmas!… – le grita todo el mundo.

Pronto estará en casa.

-¡Vale el  esfuerzo!… – piensa contenta sudando a mares.

Isolina es hermosa pero está delgada. Es una mujer física y emocionalmente fuerte. A diario escribe cartas y llora sus recuerdos. Pero Isolina cree en el futuro. Lo construye diariamente. Isolina se gasta toda la plata comprando cosas para la casa.  Todo se lo trae en su bicicleta. También compra regalos para mandar a toda la familia. Siempre cae rendida.

De pronto se levanta de un sobresalto, coge la bicicleta y sale apurada a comprar algo gigantesco que ha olvidado.

Indudablemente que todos necesitan un trabajo. Pero son pocos los que se conforman con lo que les toca. Irma, ha tenido que aceptar otra cosa, mientras espera una oportunidad mejor. Pero nadie goza de la suerte de Armando, que está amarrado con la corporación y para conseguir trabajo casi no necesita moverse. Tampoco, tiene idea ni le importan los apuros que afronta para subsistir Amílcar y muchos otros como él. Por eso Salomón, ha optado por las actividades ilegales y al parecer, las cosas le están saliendo más rápido. Pero, podría terminar arruinando su vida, igual como lo ha hecho la Mona o el gordo Raúl, que se dedican sólo a robar o a pedir limosna. Pese a todo, hay personas como la Efa que, todavía piensan que pueden controlar la situación.

Hoy mas que nunca, la gente busca trabajo desesperadamente. Pero las deudas, las obsesiones o los vicios se lo llevan todo. Sin embargo, también existen seres que no descansan, como Isolina, compradora incorregible. Y que, a pesar que conseguir las cosas le cuesta el doble de trabajo, ella continúa pedaleando. Sacándole jugo a su existencia.

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